|
BIO:
Dhalsim es uno de los personajes más trágicos en Street Fighter, con una vida plagada de miserias que justifican por completo el hecho de que asista al torneo organizado por Bison. Nacido en un pequeño pueblo de Lugo, Dhalsim entró en trance a los cinco años mientras veía el programa de Torrebruno. Según los psicólogos que lo trataron años más tarde, el pequeño no comprendía la canción de los tigres y los leones que querían siempre ser los campeones.
Sin embargo, los padres del pequeño Juan Pedro confundieron el ataque comatoso de su hijo con un estado de iluminación. Creyendo que habían sido bendecidos por Buda, y que el pequeño había sido escogido por éste para representarlo en la tierra, decidieron enviarlo a la India, a conocer a Ganesh, a Shiva y a toda la basca. Bonobús en mano, Juan Pedro vagó por la tierra hasta llegar a un antiguo templo shaolín dónde un anciano maestro con un desprendimiento de retina de tres pares de pelotas le enseñó artes marciales y a poner las manitas en una barbacoa llena de brasas ardientes. La experiencia no fue grata, pero logras tocar la zambomba con un garbo nunca visto.
Cuando salió del templo, descubrió que no estaba exactamente en la India, ni en el Tibet, ni en ningún otro lugar dónde hayan monjes vestidos de butanero. Estaba en Los Ángeles, y había rodado siete temporadas de la serie televisiva Kung Fu haciendo del joven David Carradine. Como no ganaba para disgustos, el pequeño saltamontes decidió unirse a un circo ambulante para sacar unas pelillas, porque lo de vender cupones no le atraía.
Al cumplir dieciséis años, inició un tierno romance con la mujer barbuda, que además llevaba pegada a su hermana siamesa del dedo meñique del pie izquierdo. Otro trauma se acercaba a la vida de nuestro héroe, y es que cuando Juan Pedro sacó a su hombría a pasear, las dos hermanas rompieron a reír señalando el pequeño aparato reproductor del joven. Juan Pedro era un freak integral: calvo, pichacorta y medio teutón.
Así que usó lo aprendido con los monjes alemanes para extralimitar las imposiciones de la física y alargar su pene. La meditación le permitió alargar a voluntad sus brazos como si fueran elásticos, y también lo logró con sus piernas, pero su pene lo miraba con cara de autista y decía en palabaras silenciosas: "¡¿Pero tu has escuchado la canción esa de los tigres y los leones? ¡¿De qué coño va?!"
Finalmente, adoptó el nombre de soltera de su madre, Dhalsim, y se apuntó a un torneo de petanca de su barrio. El hombre con uniforme militar rojo y sonrisa maligna le aseguró que no habría ningún problema para usar su propio juego de bolas, y que si perdía le darían un premio de consolación. Siempre le resultó extraño el nombre del concurso, eso de Stritfaiter...
|