
- "Paren el mundo, que me bajo"
Las palabras de un mito de bigote pintado retumban en mi cabeza, y no dejan de ser sarcásticamente ciertas. A menudo yo también me apearía del mundo y merodearía por el andén en busca de algo más... sensato, porque creo que cuando me clonaron y decidí convertirme en un pequeño genio del mal, no era consciente de que estaba metiendo la gamba. Y es que es complicado hacer el mal y llevar una onda "let's take the fuckin' world over" cuando el mundo en sí mismo ha adoptado una ruta extraña y en cierto modo decadente.
Así no se puede ser malvado. La gente se tiraniza solita, los países se dan de guantazos solitos, la globalización globaliza y el medio ambiente se ambientiza y muere... ¡¡¡una isla tropical desierta repleta de Doritos sabor chili picante quiero!!!
Una de las lectoras de esta (mayormente prescindible) página web que regentan esos dos entrañables mendrugos de melonian e |ngenius, narra a menudo en su blog las aventuras y desventuras que vive en el subsuelo, y no es que la muchacha lleve un colorido antifaz o se llame Michelangelo o Donatello. El metro es un submundo que no hace sino reflejar la absurdidad que parece constituir esencia última del mundo del que se quería apear Groucho Marx.
Hoy mismo andaba yo ideando una nueva forma de tortura que incluyese cierta dosis de humor, para poder escribir un artículo y publicarlo en mi página web (www.soymalodecojonescorp.com), cuando enderrepente escucho por megafonía a un señor que solicita a un niño de 8 años y nombre de orígen árabe (ambos datos facilitados por el susodicho caballero) su persencia en la oficina del jefe de estación. Hasta aquí, nada extremadamente inusual, salvo las dudas de que el mocoso fuese capaz de orientarse hasta una oficina de la que yo mismo desconocía la ubicación.
Al rato, y esto es lo desconcertante, una maquinal e insistente voz femenina nos recordaba que: "Para su seguridad, esta estación está dotada de cámaras de seguridad". Un fugaz relámpago de incredulidad ha cruzado mi calva azotea, y me ha llevado a una total incomprensión a nivel existencial. ¡¡¡El metro lleva a cabo ignominiosas y retorcidas campañas de amedrentación social!!! En este momento supe que Patch, la chica que no es una tortuga ninja, tenía razón: el metro es un antro sórdido que conduce a la célebre y populosa calle de la amargura. Cago en los enanitos decorativos de jardín, hostia ya.
Si vuestra mente permanece aún en fría duermevela, reposando en Matrix, os pondré clarito cuál es la clave de mi asombro: si las cámaras de seguridad velasen por mi integridad física (y eso que no hay demasiada integridad que proteger en un físico que no levanta medio metro del suelo), de buen seguro podrían encontrar en un periquete al pequeño Mohammed perdido en los lúgubres pasillos metriles. Luego, si no encuentran al pequeño Ahmed, no velan por mi seguridad, así que cuando menos somos los incautos protagonistas de un nuevo reality show llamado: "METRO: PAGA TU BILLETE Y SONRÍE A LA CÁMARA".
Ya véis, mis pequeños y crédulos lectores, la maldad ya no es patrimonio de retacos calvos como yo, el transporte público concibe pérfidos planes de cuyos propósitos reales prefiero seguir al margen. Mi intimidad es violada a diario, las prospecciones en mis orificios nasales son espiadas, mis improvisadas sesiones de karaoke probablemente vendidas a programas de televisión de cuestionable calidad de contenidos. Anthony Blake tiene razón: lo saben todo de ti. Hasta pronto, vigilad las cámaras...
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Mini-Yo
(Vigilado) 03-03-05
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