 Hoy es fin de año. No me ha costado mucho sacar esta conclusión, simplemente me he subido al taburete y he echado un ojo al calendario. Hoy es el único día del año en el que sopeso mi maldad, y decido si es conveniente pasarme al bando de los buenos, para ver si me enrrollo a alguna tía buena de esas que los protagonistas se ligan tras darnos por detrás a los supervillanos (o mini-villanos, en este caso). Total, que hoy estoy tiernecito como un bollo recién sacado del horno, llevo todo el día escuchando temas de Lionel Ritchie y mirando las estrellas (si, las que tengo pintadas en el techo de mi habitación).
Lo que me joroba es que nadie entiende el significado que tiene la Navidad para mi. Quizá es porque las cosas se ven distintas desde aquí abajo, mi cabeza no sufre tanto las presiones que sufren las vuestras y eso me hace tremendamente inteligente. O quizá es que soy un tarao cualquiera como vosotros, no sé. ¿Por dónde iba? Ah, la Navidad y el significado que tiene para mi. Yo adoro reunirme con seres queridos, volver a pensar en positivo y olvidar viejas rencillas con gente que me ha tratado mal (algo común en mi círculo de amigos, quizá tenga algo que ver el portar capas negras y emitir un sonido ronco a modo de risa malévola). Trato de pensar que el hecho de vivir en una cueva bajo un enorme volcán y odiar todo lo que los demás aman no es tan malo, después de todo, y que existe un brillante futuro para mí, pero que tarda en llegar por culpa del intrincado engranaje burocrático que me toca mis mini-pelotas. En fin.
La Navidad no es comprar regalos frenéticamente, ni cocinar para 400 gorrones que se presentan en tu casa. La gente cree que si, pero la Navidad no tiene nada que ver con comilonas ni con regalos. Y no hablo de la relación con el motivo cristiano de la Navidad, hablo de un simple pretexto para ser aún mejor que el año anterior, tanto personalmente como en tu relación con el mundo (que, no nos engañemos, acostumbra a ser tensa). Y si no quieres hacer nada especial... ¿por qué sentirte obligado? La Navidad debería ser simplemente una excusa para lograr ser más feliz, no para ir más de culo. Sin embargo, su significado se malversa y traduce en un auténtico asalto publicitario contra los niños, compras compulsivas y una obligación de ser feliz sin más, sin más razón que la obligación de por sí. De tal manera que lo normal es que te cagues en todo y en todos, y acabes deseando dominar el mundo. Mi consejo navideño es: trata de ser feliz, pero no lo seas porque los demás te exigen una sonrisa, o de otro modo acabarás pareciéndote a mi (no en lo guapo, sino en lo cabroncete que soy).
Yo, pequeños lectorzuelos, no me reuniré con amigos porque no los tengo, ni veré a mi família porque me los cargué a todos cuando tenía 2 años, en aras de mantenerme fiel a una personalidad maligna de cojones. Pero me montaré una pequeña fiestecita con algunas de mis empleadas, que vayan preparando esa lencería fina...
Mini-Yo
(Maligno profesional) 31-12-04
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