
Esta semana vengo de una mala hostia que hasta los ciegos de la ONCE me ven llegar y huyen despavoridos. ¿Alguien ha hecho una mudanza alguna vez? Si la respuesta es si, sabrán que mi mala uva tiene un por qué perfectamente comprensible. Si la respuesta es no, mi consejo es que pidan la mudanza a domicilio, como las pizzas, porque es el auténtico infierno en la Tierra. Si en la mili te obligasen a hacer mudanzas en lugar de imaginarias, el ejército español sería un cuerpo de machotes, en lugar de merecer un póster desplegable en las páginas centrales del Playboy.
Yo debería estar acostumbrado, pasando la vida huyendo de la justicia y de un tarao vestido de los años 60, mudándome de una guarida en un cráter de volcán a un submarino, pero os aseguro que es como si tuviera la regla: dos semanas antes ladro a cualquiera que ose dirigirme la palabra, y las dos semanas posteriores a la mudanza estoy sensiblote y decaído, añorando las paredes vaporosas de las cavernas del cráter y olisqueando florecillas como un tarao cualquiera.
Para más inri, yo no soy de ligero equipaje. Llevo todos mis trajes de lino que ocupan tres armarios, mi discografía de Violeta la Burra y los CDs de Antonio Machín, mi colección de casas de muñecas y los pin y pon, y mi ordenador y toda la parafernalia (excelente disco de FM) que los bichos informáticos conllevan. Y encima me siento ante el ordenador, y tengo que escribir unas líneas a unos taraos que sonríen y babean ante mis columnas, empezando por el mendrugo de melonian y el absurdo andante de |ngenius. Hay que joderse.
En la época del reinado de Bonny & Clyde las cosas eran sencillas porque no estaban acostumbrados a los criminales con clase, en la época de Al Capone el tema tenía estilo, pero nadie ha oído hablar de grandes criminales cargando cajas de una guarida a otra, siempre hay sicarios que hacen esas cosas por tí. Pero las putas E.T.T lo han jodido todo, ahora el mundo es un lugar bonito y feliz dónde tienes que entregar partes de trabajo y realizar cursillos de prevención de riesgos con cuestiones trascendentales del tipo: "Si hay una sierra mecánica, ¿debemos probar que corta correctamente poniendo el dedito encima?". ¿Véis como no exagero? ¡¡Nos construyen un mundo a medida para subnormales!!
En fin, amigos, preferiría ser un criminal sin clase como Billy el Niño, escupiendo el whisky a través de mi desdentada y sucia boca, que un Dioni moderno que contrata sicarios en una E.T.T. El crimen ha perdido su glamour, acabaremos todos vendiendo algodón de azúcar en una feria...
Mini-Yo
(El nuevo Capone) 24/06/2004
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