Lego nunca me falla.
Suelen perder un poco el norte y la realidad de lo que es un Calendario de Adviento, pero me llevan a la Navidad con clase.
La edición City es algo sosa, porque el mobiliario urbano no tiene una gracia específica a menos que se trate de Gotham City.
Pero el año pasado nos dieron la alternativa de recorrer un adviento a lo Dungeons and Dragons y este año...oh este año!
Esta año, Lego nos ofrece la opción de montarnos nuestra propia aventura pirata sin necesidad de pasar por las amputaciones o sufrir de escorbuto.
Y no se quedan ahí, la portada nos apunta sirenas, monstruos marinos, monos...ni Jack Sparrow podría sacarse esto de la manga, por muy guarra que dicha manga esté.
Ah, no me parece mal empezar a saco, con un pirata potente, duro y sobre todo, cliché.
Garfio, barba, gorrito calaveril, pata de palo, parche y sable. Sólo le falta el loro y una esperanza de vida de 34 años y tendríamos lo más fiel a un pirata no somalí que se pueda encontrar.
No tengo muy claro si seguir con la discusión de las bolsas.
En el pasado fueron motivo de largas noches en vela, escribiendo largas cartas de incomprensión (primero) y amenazas (después) sobre porqué las bolsas de cada día eran diferentes. Pero ahora he crecido, me he vuelto
tolerante, y sinceramente, mi doctor me ha dicho que ya no estoy para estos trotes. La tensión, el azúcar, la sal, los cálculos renales, las raíces cúbicas no me permiten más episodios tensos llenos de violencia y bilis.
Así que puede que vaya a pasar de hacer estudios sobre la plastificación de las bolsas contenedoras.
No es difícil de montar, pero está apunto de explotarme la cabeza por el hecho de que hayan dos pecheras para un sólo pirata.
Me encanta el muñequito, pero hubiera agradecido que la pata de palo y el garfio fueran por su lado y se tuviesen que montar aparte.
Es impresionante, no?
No le he preguntado, pero seguro que en su DNI pone Capitán Atorio, bravo, fiero y tan sólo un 80% humano, se trata de un tipo despiadado que anda con un ritmillo muy especial.
De origen Arrrmenio, el Capitán Atorio lleva años navegando los mares, violando y matando todo lo que encuentra, sin importar de sexo, raza o especie. En algunos casos no le ha importado si se trataba de mobiliario inanimado, porque nadie le dice al Capitán, que violar a muerte una cheslong de camarote no está del todo tipificado como delito.
Y si no está tipificado como delito, al Capitán no le interesa. Hay que ser malo para ser pirata y a poder ser más enfermedades venéreas que un babuino africano.
Por eso Atorio está confundido. No sabe si debe estar enfadado o deleitado con el hecho de que una pechera (o hombreras o lo que sea) sobre.
Por un lado es algo desconcertante, por el otro, es un acto deliberado de rebeldía institucional, así que bien puede ser que esta pieza sobrante, sea sodomizada poco más tarde en la privacidad de su camarote.
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