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Si no fuera porque tengo muy claro que estoy escribiendo esto mucho más tarde de lo que debería, cuando el adviento nos dejó hace ya casi una semana, haría ver que no ha pasado nada, que esto es un día más y que podemos continuar con el calendario...sin más.

Pero soy un tipo decente, y como que llamo Vicente que voy a pedir disculpas por la tardía.
Combinar familia, viajes y calendarios de adviento nunca fueron cócteles de buena andadura.

Y ahora, tras la genuflexión pertinente y vuestro perdón comprensivo, voy a continuar como si nada hubieses pasado, porque después de todo, desde Google vendrá gente el año que viene que no va a entender porque escribo sobre el día 22, el día 1 de enero.

Ayer (ehem) Aquaman estaba en apuros.
Hoy (ehem) Aquaman ha dado esquinazo a las preguntas inquisitivas de Rocco basándose en que alguien vestido de forma tan ridícula no puede suponer peligro alguno.
Tan sólo es un barrendero que le pone amor y arte a lo que hace.

Con un movimiento felino, típico de un gato tísico y tremendamente viejo, Aquaman aprieta la hebilla de su cinturón para pedir refuerzos mientras se pregunta a sí mismo si "hebilla" lleva hache o no.


Y este es el tipo que supone "los refuerzos" para Aquaman.

Lo que parece un policía armado con un megáfono.
Sin duda es un megáfono amenazante, pero en cuanto a los niveles de daño potencial, está a la altura de un Gusiluz sin pilas.


La bolsa, de plástico liso y sin agujeros está tan descompensada en tamaño que podría alojar a los Village People al completo en su interior.

De momento tenemos al poli.
El obrero y el indio no estarían nada mal.


Visto de cerca y con una calidad fotográfica más que dudosa, casi podríamos llegar a imaginar que el megáfono es en realidad una pistola de rayos del futuro.

Luego echamos un vistazo a la gorrita del policía y se desvanece cualquier esperanza.
Un tipo del futuro nunca llevaría una gorrita de dicho calibre.

Sería absurdo ir por ahí con una pistola de rayos desintegrantes mientras llevas una gorra que da pie a sospechar sobre un servicio militar al lado de Paco Martínez Soria.


Nuestro policía, a quien seguramente todos llaman por el nombre de Poli Díaz, tiene cara de bonachón, de hombre que nunca haría daño a nadie y que ante la presencia de cualquier peligro saldría en persecución del maleante sin dudarlo. Eso sí, siempre cuidadosamente más lento, no fuera que lo alcanzase y se encontrara en una situación embarazosa y desagradable.
Seguramente nunca le ha pillado el truquillo a hablar con delincuentes.

Es de esos polis que usan su megáfono a ritmo de "Dispérsense, aquí no hay nada que ver... El difunto era un peatón imprudente, recuérdenlo para la próxima vez..."
Siempre hay tiempo para un acercamiento didáctico ante la desgracia ajena.


Mientras el clan de mafiosos está haciendo la siesta, Aquaman aprovecha para pasar información a Poli.

Alguien tiene que recopilar los trapos sucios de Rocco y los suyos en caso de que Aquaman acabe en el fondo del mar, esta vez con zapatos de hormigón.

Claro que para Aquaman no sería algo tan duro. Tan sólo significaría que le costaría andar.
Seguro que hay algún tipo de ironía en esto, pero no merece la pena intentar encontrarla.

melonian (22-12-07)


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