Gritos en el Pasillo

Juan Terranova

Calle 17

ByTheWay.tv

Demasiado Violeta

La Esfera

Reducir al Mínimo

¿En qué piensa un calcetín?

Simaegi

Pretty Curry

La Srta. Melón

El Quinto Pino


 
 
Algo me dice que tras la casilla número 5 del calendario de adviento no se esconde otro hombrecito para aumentar el clan Lego.

Quizá sea porque después de darnos un muñeco, querrán meter alguna otra de esas muestras de mobiliario urbano que se pueda armar con unas cuantas piezas y sirva para ir rellenando el calendario.

Quizá sea porque mi instinto femenino me dice que dos días seguidos sacando un muñequito sería demasiado bueno para ser verdad y podría tener grandes expectativas de aquí al día 25.

Quizá sea porque ya he mirado, y sé lo que se me viene encima.


Por favor, los que hayáis leído las 4 entradas anteriores del calendario, por favor, borrad de vuestra memoria todas los comentarios negativos de vuestra mente.
Olvidad todo lo malo que haya dicho hasta ahora.

Porque obviamente, el día 5 se merece todas esas críticas concentradas y perfiladas en una hoguera donde ajusticiar a los que han hecho que en un calendario navideño aparezca una barrera de prohibido el paso.


A ver no es que me quiera quejar...es que quiero una jodida hoja de reclamaciones!

Ya sé que Lego está por encima del Bien y del Mal, por encima de religiones y creencias, de movimientos políticos de clases sociales, de Coca-Cola normal y Coca-Cola light (Pepsi no es una opción), pero por mucho que tu producto esté orientado a motivar a niños y adultos a construir sus juguetes con bloques diminutos, eso no significa que si haces un Calendario de Adviento, te puedas pasar el Adviento por la piedra con nocturnidad y mala leche.

Al menos ten la decencia de poner algo...un poquito de tono navideño al tema.
Si seguimos así, por la entrada diecisiete vamos a tener heridos como parte del mobiliario urbano.

Como nota aparte, por favor, notad que las bolsitas de plástico perforado que tanto me irritan han vuelto. Yay.


Lo único decente de esta entrega es que la dificultad de montaje se incrementa y pone a prueba mis habilidades motoras.

Claro que habría que hacer un pequeño inciso y explicar que yo tenía problemas con esos juguetes de Playskool en los que se suponía que debías pasar objetos de diversas formas por agujeros coincidentes.
Nunca llegué a dominarlos y tras un incidente incluyendo dicho juguete, un martillo y un mono capuchín se me prohibió intentarlo por cuatro juzgados diferentes, pasando desde el civil hasta el militar.

A simple ojo ya puedo ver que hay más piezas de las que necesito para conseguir la figura del dibujo, pero ya he empezado a planear donde voy a colocarlas para que no me sobre ninguna.
La estética no es importante. El deber de sentirse completo es lo primordial.


Bueno, parece que lo he conseguido, no?

Ha sido, sin duda alguna, el juguete más difícil de todos, porque incluye piezas con curvas y un tipo de geometría que no me gusta recordar.

La solución que he encontrado por añadir las piezas sobrantes no es digna de premios internacionales, pero no queda del todo mal.
Dos piezas extra en el suelo, y una de esas luces naranjas sobre otra para que los conductores bebidos tengan un referente mayor.
Seguramente lo usarían como urinario, pero siempre es mejor que que se estampen contra una guardería.


Si no fuera porque sé que son de plástico, y por lo tanto su alma es pura como el agua de Solán de Cabras, pensaría que el Bombero de Rescate y el Operario Naranja se están enviando señas apocalípticas con sus miradas.

Señas que proponen poner a prueba cual de sus herramientas tiene un mayor potencial destructivo.

Sinceramente, no les culpo.

melonian (05-12-07)


deja un mensaje ya!

.: © www.meloncorp.com 1592 - 2007 :.