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Los Panettones nos han invadido.

Si fuera un descerebrado haría la coña de que los Panettones son seres de otra galaxia que han venido para esclavizar los dulces autóctonos aprovechando que estamos medio borrachos por celebrar el nacimiento de nuestro representante religioso también autóctono.
Lástima que no sea un descerebrado...uhmm.

La cuestión está en que ir por un supermercado hoy en día empieza a ser algo complicado.
Seguramente en cuestión de número, los turrones siguen siendo los primeros en cuanto a número, pero en cuanto a "bulto" está claro que la millonada de Panettones que este año llegan desde Italia o desde China haciendo ver que vienen desde Italia es más que menos, acojonante.

Normal, con fruta deshidratada, con licor, con kriptonita...no hay panettone que uno no pueda imaginar.
Con esa forma de casa del pitufo medio, el Panettone siempre me ha parecido la mejor opción al Roscón de Reyes, parece suave, parece rico y lo mejor de todo, es exactamente igual que un bizcocho normal y corriente pero con un nombre exótico.


Jamás de los jamases he probado un Panettone en toda regla. Todavía quedan reductos que se dejan los dientes con las figuritas del Roscón de Reyes.

Pero ya que uno estaba en Milán, la única forma de excusa la megacompra de cosas de Navidad era añadir al pack un Panettone.

Este Panettoncino prácticamente se vendía sólo.
Nada de fruta deshidratada, nada de bizcocho insulso.


Todo un señor mini-panettone hecho de chocolate con una figurita de azúcar como decoración y con la promesa de una sorpresa en el interior.
Ni en los días en que tengo un autocontrol de hierro hubiera podido resistirme a algo así.

Pero quién puede resistirse a una Super Sorpresa, a coleccionar tu pesebre, a un panettoncino de chocolate con leche decorado a mano o a una estatua de cerámica pintada a mano?
Intento hacer una lista de quién no querría algo así y me sobran por lo menos 32 dedos.


Apenas unos 7 centímetros de Panettone que me panepone un huevo.

De hecho, el 80% de la gracia es la decoración de azúcar que tiene, nada más ni nada menos que esculpida a mano. Suerte de esa L maravillosa.
El otro 20% es la sorpresa.


No me digáis que no se parece a la casa de un pitufo.
Sólo le faltan las pitufiventanas y una pitufipuerta.

Eso sí, el chocolate está buenísimo.
Otra vez los juguetes y la calidad alimentaria se dan de la mano para hacer lo que a priori parece una idea destinada a sucumbir en cualquier supermercado que se precie pero que sale a flote por una genial combinación de calidad y misterio con vocación navideña.


El huevo, el cual agradezco que fuera rojo y no amarillo, está prácticamente sellado y pegado a uno de los bordes interiores del panettone para que no vaya tumbos y rompa el chocolate.

El cascarón de plástico es algo más grande que el de un huevo Kinder normal, y como la figurita es de cerámica, también pesa algo más.


No tengo muy claro qué es lo que me ha tocado.

Por forma parece claro que el número 5, el buey que suele estar en todo belén que se precie, pero el color me inclina más hacia el 1, la vaca que acompaña al buey que suele estar en todo belén que se precie.

Técnicamente me da igual, porque no va a haber manera de Collezionar le miniature e crear il mio bellissimo Presepe, pero me hubiera gustado saberlo.

Lo que más gracia me hace es que mi nuevo amigo el buey/vaca se puede jactar de haber sido pintado a mano.
A vistas del detalle empleado a la hora de pintarlo, hubiera tenido el mismo resultado que lo hubieran sumergido en el bote de pintura directamente...eso sí, no hubiera quedado tan bien en el cartoncito "Pintado con el curioso y preciso método de sumergirlo en pintura".



melonian (11-12-06)




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