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Sigo sin salir de mi asombro ante la poquísima repercusión navideña que hay en nuestros supermercados.
Cualquier otro establecimiento comercial tiene por lo menos doscientos artículos que de un modo u otro se pueden relacionar con el ADN de Papá Noel.

Todavía más rabia da cuando en un viaje de 2 días a Italia te das cuenta que allí si viven la Navidad como toca, con un montón de productos vestidos para la ocasión.
Más tiempo tendremos para ver 4 cosas que me traje de mi peregrinaje a tierras pre-alpinas, pero hoy toca ver uno de los productos que hacen de Kinder el ganador de las decoraciones de Navidad en el 2006.


Las barritas de Kinder Chocolate, la versión anémica de Kinder Bueno, han sido uno de los grandes olvidados de la marca italiana desde que empezaron a sacar nuevos productos que dejaban en bragas la calidad y cantidad de estas chocolatinas.

Personalmente, creo que una chocolatina que se llama Bueno no puede ser de verdad muy bueno.
Dime de lo que presumes y te diré como haces tu heces.


En Italia no sólo me hacen caso y dan un protagonismo especial a las barritas de chocolate normales, sino que además las adornan para Navidad y las venden en un hipercalórico pack de 16 barrette al latte a poco menos de 2 euros. Impresionante.


Hay 16 barritas, sí. Pero sólo hay 9 diseños diferentes que aparentemente se distribuyen de forma aleatoria.

Los dibujos van desde pingüinos hasta el mismísimo Papá Noel con set de renos incluido.


Me gustaría poner especial interés en el envoltorio de en medio, el dorado.

Cada vez que lo veo, por alguna razón que no puedo explicar, más allá de las orejas de elfo de los esclavos de Santa Claus, si cierro los ojos, puedo ver a Haldir llegando, con ese caminar tan afeminado, al Abismo de Helm a presentar su ejercito para la última alianza entre elfos y humanos...y un enano.


La Chocolatina es la de siempre, pequeña, suave y apta para ser engullida en no más de dos mordiscos.

Viendo estas barritas uno se da cuenta de que Kinder nunca fue un mercado dirigido a los adultos, porque no hay narices a comerse una de estas y creer que puedes pasar la tarde sin necesitar por lo menos 7 más.


El interior, para los que penséis que Kinder sólo tiene Huevos, es de crema de chocolate blanco.
Es un poco empalagoso, pero vale la pena pasar 15 segundos en los que es imposible decir "Greyskull" sin escupir toda una lluvia de crema, para disfrutar del sabor de estas chocolatinas universales.

Lástima eso sí que su decoración no sea universal y tengamos que vérnoslas con envoltorios normales y aburridos cuando la época navideña está más que avanzada.
Al menos nuestros vecinos italianos sí pueden disfrutar de estas pequeñas maravillas chocolateadas.



melonian (10-12-06)




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