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Daos una vuelta por vuestros supermercados favoritos.
Yo os invito, echadle un vistazo.

Lo que es IMPOSIBLE no notar es que estamos en las fechas previas a Navidad.
Luces por todas partes, figuritas de Papá Noel, gente disfrazada de Papá Noel, gente que sueña con Papá Noel.
Estamos literalmente sumergidos en el frenesí pre-navideño, con cientos de turrones, polvorones y adornos que en su mayoría deberían ser devueltos a China tal y como llegaron por su falta de originalidad, su falta gracia y su especial potencial para causar incendios.

Pero los que tienen un especial fetichismo por los productos globales que lanzan ediciones especiales en fechas especiales están tristes.
TRISTES!!! digo...en Navidad, sí tristes en Navidad. Ya lo he dicho.
No, no me miréis así, no me he vuelto loco.

Estas Navidades están siendo especialmente cutres en cuanto a ediciones especiales, con sólo el Klapper Klaus de Smarties como ejemplo de lo que una vez fue gloria y hoy es tan sólo un recuerdo en partes del cerebro que no tengo ni zorra de como se llaman.


Lo que sí hay son cientos de packs chocolateros con cosas brillantes y figuritas que simulan las celebridades que rondaran nuestros chimeneas llegado el día 25.

No me mal interpretéis, a mi me gustan las cosas brillantes como el que más. Alguno me ha llegado a incluir en la familia de los córvidos, pero hay un límite en el número de figuras de chocolate cubiertas de papel de plata de colorines.

Pero si eso es lo que hay en nuestros supermercados, eso es lo que me toca comprar. Hay que joderse.

El mejor de todos los Packs Chocolateros que he visto es el de IKEA, que al menos han tenido la decencia de incluir en su pack un Twix y otra chocolatina no-genérica.
Se lo podrían haber currado y poner un Twix de chocolate blanco para ir más acorde con la fiesta, pero no me quejaré en vistas que éste es el mejor de la clase.


Además, la caja de plástico duro (nada de esas porquerías de plástico blando que vemos hoy en día) tiene la forma de un árbol de Navidad con sus adornos grabados en el plástico.

También trae, como se puede ver por detrás, una bolsita de gominolas con formas de adornos navideños.
En el mundo de los ciegos, el rey es el Capitán Hook.


El contenido de la caja de plástico no está nada mal.
No quiero ni pensar lo aburrido que tiene que ser montar estas cajas, porque no hay huevos a que esto esté ensamblado por una máquina. Todo está tan bien puesto que tiene que haber sido puesto delicadamente en una cinta de montaje.

Aparte de la figura de Papá Noel de rigor y el Twix y la chocolatina misteriosa, también encontramos un montón de caramelos de tofe estilo La Viuda de Solano que se llaman Tiffany. Tanto en sabor como en rimas, me quedo con la versión española.

También hay una campana con dos tiras de hilo para poder usar como decoración en el árbol de Navidad, y varias bolas de chocolate con envoltorios de distintos colores.


Las bolas de chocolate está rellenas de una mouse de chocolate de dos tipos de chocolate.
No acabo de entender porqué se lo curran tanto con estas bolas.

Obviamente, nadie que pueda comprar un pack así lo hace por las bolas.
Todos consideramos las bolas y los caramelillos como relleno para cualquier cosa que pueda activar los mecanismos que hacen que saques la cartera y compres el pack.


Ah, una de las razones por que las que decidí pillarme este pack chocolatero y no el de Lacasitos, que era bastante más cutre.
Una bolsa de gominolas danesas con motivos navideños que además se llama Jule Skum.

Para los no versados en hablas nórdicas, Jule/Jul significa Navidad y Skum significa espuma. Pero en inglés, jule también es sinónimo de navidad y scum es escoria.
Sé que divertirse con la sinonimia interlingüística de los paquetes de gominolas es algo que no es precisamente la actividad la gente guay y popular, pero si me ha tocado ser así, al menos que se note.


Más campanas, más árboles y lo que parece ser un enano de jardín son las formas que Carletti, una empresa danesa con nombre italiano ha decidido incluir en su basura navideña.

Ahora bien, no queréis probar esto. No entréis en el juego autodestructivo que yo empecé cuando la pubertad sacó mi alma rebelde en forma de consumo compulsivo de Bocabits sabor Pizza.

Jule Skum son las gominolas más asquerosas que jamás he comido. Una masa gomosa entre marshmallow y osito común con un sabor tiran a la fresa y nata que sólo debería estar permitido para algunos helados infantiles.
Ni siquiera estoy seguro de dónde debo tirar esta porquería, si a la basura orgánica o al cubo de deshechos tóxicos.


Pero claro está, el rey del pack es el Twix que viene dentro.
Sí, podría comprarlo en cualquier supermercado o gasolinera. Sí, pago más comprándolo así. Pero cuando el listón está tan bajo y tienes dar puntos a toda una serie de packs chocolateros cutres y sin gracia, una cara conocida hace que la balanza se decante.

La otra chocolatina misteriosa no es más que la versión turca (sí, Alpella es una chocolatina turca) de Huesitos.
Vaya pedazo de mierda.

No sé si es este el precio que debemos pagar por la futura inclusión de Turquía en la UE, pero visto con este regusto en la boca, me parece que no vale la pena.
Esta chocolatina podría estar perfectamente en un pesebre catalán. De calle.

Eso sí, no dejéis que este último insulto a la mundo del chocolate os haga peder la ilusión, después de todo, éste es el mejor pack chocolatero que hay por ahí este año.



melonian (09-12-06)




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