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¿En qué piensa un calcetín?

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Escribiendo este calendario de adviento casero me doy cuenta de hasta donde las tradiciones marcan las fiestas navideñas. Al menos en mi caso.

Ciertos ritos, ciertos pequeños moldes que no hay manera de romperlos porque los metieron en mi ADN después de haber nacido, mientras crecía.

Uno de esas tradiciones que no soy capaz de romper cada vez que llega la Navidad (y ya van 4 fuera de casa), es la de decorar el piso durante el puente de la Constitución.
No tiene nada que ver con la carta magna de nuestra democracia, de hecho hasta hace bien poquito no me enteré qué quería decir el "puente de la constitución".


Cada año, cuando el día 6 de diciembre se marca en rojo, me sale, como si se abriera la veda de caza, la vena navideña que me impulsa, como si fuera un leming, a decorar mi piso con todo lo remotamente festivo que encuentro por ahí.
Si no lo consigo, simplemente grito "Oh, no!" me pongo las manos en la cabeza, me agacho y exploto.

Hay varios puestos estratégicos donde se debe hacer incidencia, varios de ellos tienen el sello de acción obligatoria. No sé muy bien porqué, pero no tengo ni que pensar cuáles son. Todo es tan natural que me parece increíble tener que contarle a la gente cuales son.
Este año sólo he fallado en tres y uno lo voy a arreglar dentro de pocos días.


El primero de todos es la puerta de entrada.
En nuestro caso podemos llamarla LA PUERTA, porque nuestro piso sólo tiene esa puerta.
Bueno, luego tiene dos puertas dentro pero son de vidrio así que no cuentan.

Mi código genético, ese que suele putearme desde que nací, me dice que toca una guirnalda, una especie de roscón de rama de pino con alguna campana y cualquier otra cosa dorada.
Por suerte mis gustos no son los de mis padres y mi novia coincide en que una guirnalda es digno de geriátricos y ediciones de SuperModelo 200X.

Nosotros optamos por colgar un calcetín con pingüinos. Con dos cojones.
Soy consciente de que las probabilidades de que nos roben el calcetín son bastante altas, pero es lo que hay. Si uno tiene que decorar la puerta al menos que sea con algo que me guste. Lástima que no venden calcetines con koalas...entonces lo hubiera puesta de nuestro lado de la puerta.


El centro de la mesa dominante tiene que estar decorada con velas.
En esto también cambia el estilo que usamos hoy en día.

Dos velitas modestas que estoy pensando en dejar al descubierto todo el año porque me gustan un huevo.


Otro de los preceptos navideños son las figuritas.

Además de nuestro Papá Noel de Pizza Hut tenemos estos dos hombres de nieve y unos cuantos peluches más que me ha parecido excesivo mostrar porque no es plan de que a estas alturas empecéis a dudar de mi sexualidad...en público.


Hay dos tradiciones obligatorias que no voy a seguir este año, pero que os animo a que sigáis religiosamente en el seno de vuestros hogares.

La primera es la decoración masiva, que es la decoración normal más el 16%, de todas las ventanas disponibles.

Bien, yo adoro el piso en el que vivo, pero si tiene una falta es que a) las ventanas son viejas y por lo tanto una mierda y b) es un piso viejo renovado completamente en un estudio, con lo que tengo 12mil ventanas y precisamente los dos balcones están en el lavabo y la cocina.
Esto genera que cuando te duchas y cuando pones la secadora, el 90% de las ventanas se empañan con el vaho y el vapor desprendido.

Pero no se empeñan un poquito, no. Las cataratas del Niágara son un picnic de abuelitas comparados con los gotarrones de agua que bajan por mis ventanas cuando hace más calor dentro que fuera (que es el 50% del año).

Eso hace que si pones spray de nieve en las ventanas, después del tercer día vas a ver como el efecto nieve se convierte en efecto diarrea mortal aviar.
Además, tras mojarse y solidificarse de nuevo, la mierda de spray se queda duro y es muy jodido de quitar.

El año pasado aprendí que en este piso, decorar las ventanas no es la mejor de las ideas.

La otra tradición es la de decorar con luces las barandillas de los balcones.
Como he explicado en otra ocasión mi barrio es muy multicultural.

Es tan multicultural que probablemente yo soy el único en todo el barrio que celebra la Navidad...
La sensación de que no tengamos un lugar en concreto hacia donde mirar mientras celebramos la navidad hace que no tenga muchas ganas de juerga con los sectores más sindical-islamistas del barrio.
Así que cuanto menos neón indique mi posicionamiento religioso de cara a mis apreciados vecinos tanto mejor.


Por último está el tema del árbol.
Lo del árbol sí es algo obligado bajo pena de tener una pena muy grande si llega Navidad y no tengo algo brillante y con lucecitas en algún rincón de mi piso.

Pero a día de hoy, mi árbol es lo que veis en la foto, guardado en lo alto de nuestro cambiador esperando el momento en que pueda demostrar su valía.

El problema está en que mañana nos vamos unos días, y esta vez le tocará esperar hasta después del puente para montarlo y dejarlo todo bonito.

Espero que los "reyes" no estén mirando.



melonian (08-12-06)




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