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Desde que una buena amiga mía empezó a enviarnos a todos tarjetas de Navidad empecé una pequeña tradición que sólo ha hecho que aumentar la humillación pública que pesa sobre mi.

Veréis, yo lo empiezo todo con buena fe, buenos pensamientos y bueno pereza...y todo acaba como esta web...a medias.
Sí el detalle está ahí, pero todos sabemos que el honor no se conquista con el detalle.

La cuestión es que siempre acabamos enviando las tarjetas de navidad mal y tarde.
Además, de forma incomprensible e invariable, siempre acabamos enviando las tarjetas de Navidad de Unicef.

Sí, ya sé que es bonito el detalle, que hay niños que recibirán una pequeña ayudita por el simple hecho de comprar unas tarjetas a Unicef, pero a) son extremadamente feas y b) mis amigos y familiares se van a pensar que me pagan en tarjetas de Unicef. Porque a nadie en su sano juicio compraría sistemáticamente tarjetas de Unicef año tras año tras año tras año.


Este año se acabó. Unicef ya tiene al Barça y yo tengo que mover posiciones en la escalera social a modo de enchufar tarjetas con estilo a todos mis conocidos.

Por eso este año me uno al movimiento reciclable que ha comenzado Disney, por que este año mis tarjetas no sólo van a molar, sino que además, se van a comer!

A COMER!!! digo!

Sí, porque Disney ha sacado sus Disney Jelly Lollipops, las tarjetas de Navidad comestibles.


He visto cuatro modelos pero sólo pude comprar tres porque cuando los vi. no llevaba más dinero encima.
Al tener que descartar uno tuve que tener en cuenta que las tarjetas NO son para mi...son para regalar, así que el Tigre de Winny Pooh, probablemente el más molón de todos, se quedaba en la tienda mientras Donald, Mickey y el mismísimo Pooh se venían conmigo a casa.



Aunque son un poco caros, estos tarjetones de Navidad son canela fina.

Clasificables como arma arrojadiza, se necesita un cuchillo jamonero para abrir uno de estos.
La doble cubierta de plástico que cubre la gominola comestible es del todo irrompible y me hace dudar en la capacidad de mis conocidos para llegar a la fuente de glucosa.
No es que piense que mis conocidos son una panda de simios, pero Disney no reparó en gastos cuando llegaron los del plástico.

No tengo muy claro si puedo pegarles un sello y enviarlas directamente...a mi me huele que en Correos no iban a apreciar que lo que normalmente pesa 2 gramos pase a pesar 28, no vaya a ser que se ponga de moda.



Como podéis ver el diseño es un poco moñón y cursi pero el cambio de una tarjeta hecha con materiales reciclados a una de cartón satinado, plástico y golosina es algo que ni el más exigente puede denostar.

La distribución es sencilla y gráfica..."Para: De:"
Han ido por lo directo, y quién puede culparles? Te están poniendo un muñeco comestible en la tarjeta, no esperarás que te pongan una frase congratulatoria inteligente y recursiva...espera...recursiva...ahora!

Por el amor de Dios, pon algo de tu parte, no?



El diseño de las tarjetas de Winnie the Pooh son bastante mejores. Tanto por fuera como por dentro.

Siguen sin darte una pista de lo que deberías escribir, pero al menos te ponen unos arbolitos para que te inspires.

Pero quién se va a inspirar cuanto justo al lado tienes una gominola que no puedes tocar, que se comerá otro y que además consta de nada más y nada menos que de 7 (sí, siete) E's, de los cuales 6 son colorantes?

Da igual, todo sea por romper la tradición y la sospecha de que de algún modo, robo tarjetas de Navidad de Unicef.



melonian (03-12-06)




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