Sabéis que mi relación con los Marshmallows va más allá de lo "platónico" llegando hasta lo "plutónico", porque en lo que a vocales se refiere, la u está cuatro puestos más allá que la a.
Y aunque hacer mi propio ejército de fantasmas es divertido, no se puede comparar a conseguir Marshmallows de Halloween que ya vienen tuneados de fábrica.
Por eso cuando cayó en mis manos una bolsa de Marshmallow Pals la mayoría de mis órganos o bien se contrajeron o se distendieron, pero ninguno se quedó indiferente.
Los Marshmallows Pals, a pesar de molar mil, son un grupito reducido, donde la variedad es vista con desdeño y otras palabras raras que sólo ciertos taraos usan.
Tres miembros forman una sociedad más que dudosa: Una bruja, una calabaza y Frankenstein.
Se han visto grupos peores, pero sólo en ciertos sueños de David Lynch.
Como podéis ver, cada golosina esta envuelta individualmente, así que están hechas para dar a los niños por Halloween.
Todo lo que se crea diseñado para ser dado gratis es altamente sospechoso.
Pero vistos de cerca ya son de cierto flipe especial.
Granitos de azúcar coloreado combinado con trozos de frosting endurecido para el pelo, ojos, y etc.
Estos marshmallows son buenos, pero son un poquito gominolescos, así que pierden un punto de suavidad.
Pero la gracia seria está en el azúcar externo y el aspecto.
En la bolsa prometen que las decoraciones de frosting están hechas a mano, y viendo este Frankenstein, uno puede dar fé de ello.
Sólo tenéis que fijaros en los tornillos para daros cuenta que alguien estornudó a la hora de usar la manga pastelera.
El interior del marshmallow sigue consistentemente el mismo color que el exterior, y dejadme que os diga que este verde tal como entra sale, y que si estáis pensando en hacer
un mural llamado "Mierdas de colores", este tipo de Marshmallows os puede ayudar.
El último miembro de la pandilla es una calabaza. Cliché de clichés, siempre es bonito tener calabazas en cualquier cosa que hagas de Halloween.
Los Marshmallow Pals están bien, sobre todo en cuanto a su aspecto, pero de verdad, si tenemos que pensar en sabor (y aquí siempre pensamos en eso), entonces los verdaderos reyes de los Marshmallows de Halloween son los Peeps.
Si seguís pelis o series americanas, seguro que habéis visto algún Peep en su forma original (como polluelos hechos de marshmallow). Yo recuerdo una escena memorable de Malcolm in the Middle donde Francis se come 103 Peeps.
Además, Peeps es conocida por sus ediciones estacionales (las de Navidad molan mil), y Halloween no puede ser menos.
Después de años queriendo probarlos, por fin he tenido la oportunidad de llevarme unos Peeps originales a la boca y brrrrr se me pone la piel de gallina de lo buenos que están.
Es dulce a rabiar, pero con un sabor y una suavidad tan suprema que me comí toda la caja en menos de 2 horas...no conseguí guardar nada para el día siguiente.
En este caso, los Peeps no tienen el interior del mismo color que el exterior (símbolo que he aprendido a asociar con buen marshmallow) y aunque cuesta separarlos, una vez te los pones en la boca
se deshacen como mantequilla.
En serio, son brutales, y si podéis, corred y compraros un paquete, no os vais a arrepentir!
Yo sólo pude probar las calabazas, pero también hay fantasmas y gatos negros (que tienen sabor a chocolate), y luego hay unas calabazas redondas con centro de chocolate y hasta un kit para que puedas decorar tus propias calabazas.
Es todo tan idílico que seguro que tiene que estar prohibido por alguna religión o estar contraindicado para aquéllos que quieren vivir más allá de los 60.
No puede ser normal que la gente pueda ir por ahí disfrutando tanto sin consecuencias.
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