Con excusa a mis compadres mexicanos, hoy voy a hablar de otra manifestación de las Chuches del Terror: las Piruletas.
Se que en México se llaman "Paletas", pero en España, una paleta es una chica que mea en la calle, se afeita con una esquiladora y abre las botellas de cerveza con los dientes.
Así que en favor de todo lo que es noble y no huele, las llamaremos "piruletas", por mucho que el concepto no sea 100% correcto.
Pero a falta de una palabra más adecuada (chupachup no vale), así se queda.
De hecho, por una vez, no os obligaré a leer un montón de líneas de letras aleatoriamente arrejuntadas, y sólo pondré las fotos, un pequeño comentario, y dos toques de Brise Cuco para ambientarlo todo.
Las Horror Pops en versión cutre (luego veremos la versión molona) son piruletas de varios sabores y talladas según lo que se supone que representan.
Los cuatro diseños que yo tengo son Horror Pumpkin, Scarechild, Jaw Kong y Midnight Ghost.
Ignoro de donde sale "Jaw Kong" en el mundo del miedo, cuando todo el mundo sabe que los únicos monos que dan miedo son los que van vestidos de marinerito.
Se puede decir que el envoltorio es bastante decente y la diversidad de sabores es más que aceptable.
Entonces, ¿porqué digo que son la versión cutre?
Pues porque después de un número indeterminado de días, los muy cabrones se deshacen y sometidos a una tímida presión, el liquidillo sale y te arruina la vida.
No llegué a probarlos. Abstenerse.
Skull Pops, son piruletas especialmente pensadas para repartir la noche de Halloween y vienen en bolsas de 20 unidades.
La bolsa, que nos promete zumo de fruta natural, también muestra que las piruletas tienen forma de calavera, son de dos colores y que saben a uva y cereza salvaje, que es el tipo de cereza que viene con el pelo largo, taparrabos y una lanza rudimentaria.
Lo primero que uno nota es el olor a uva americana que te da tanto gustirrinín.
Lo segundo es la gracia con que están talladas las piruletas.
El sabor es más que decente, pero ante una piruleta que mola tanto, y que te promete dos sabores alucinantes, te decepciona un poco.
El sabor a uva está ahí, pero tienes que imaginártelo mucho para encontrar un regustillo a cereza.
Yo me lo compraría entre un grupito. Necesitas al menos 3 ó 4. No sabrás que hacer con 20.
La versión de DeKora de las Horror Pops es muchísimo mejor.
Yo las encontré en un Carrefour en MARZO, así que aunque su orientación hacia Halloween es indudable, parece que su venta anual.
Están hechas de azúcar glasé duro y caramelo de gelatina, y aunque están algo duras (no quiero ni pensar cuándo se fabricaron), están de vicio.
Hay cuatro diseños diferentes, los cuatro con su respectiva calabaza de Halloween.
Figura de monstruo vampiresco y verde.
O bien es son sus alas, o tiene unas orejas todavía más terroríficas.
Fantasma genérico y blanco.
Tiene pinta de bonachón, aunque no queda claro si tiene los ojos cerrados y sus cejas son amarillas o tienes los ojos abiertos y tiene unas ojeras que te cagas.
No tengo ni las más remota idea de lo que puede ser, pero es rojo, y eso ya me vale.
Me quedo entre un demonio o un bicho salido de la serie Gárgolas.
Piruleta gatuna con sombrero de brujita.
La gracia está en que te intentan engañar haciéndote ver que su color negro es lo chungo, pero no. Lo que realmente acojona son sus manos azules, que lo identifica como uno de los tíos malos de Firefly.
Y acabamos con las mejores piruletas de toda la historia.
Se trata de piruletas de caramelo rojo. Caramelo de ese de toda la vida, duro a morir, como Charles Bronson, con la diferencia de que por palo, tienen una extremidad esquelética.
Eso significa dos cosas:
a) Que lo que chupeteas simboliza restos de muñón.
b) Que vas por ahí con un pie o una mano de un esqueleto saliendo por la boca.
Como podéis ver por comparación con mi mano, estamos hablando de una piruleta de serio tamaño y que deja por lo menos diez centímetros de hueso plastificado saliendo de tu boca.
Los detalles y realismo son increíbles.
Vale que nunca podrían engañar a nadie, porque el tamaño es diminuto, pero de todas formas, cuando vas por la calle con partes de esqueleto colgando de tu boca, sabes que alguien, allí arriba, te está mirando con el pulgar extendido y asintiendo con la cabeza a modo de "ese es mi chico".
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