Oh Dios! Oh Dios! Oh Dios!
Mientras escribo esas palabras me estoy acabando los últimos resquicios de mi caja de cereales Franken Berry, y lloro.
Lloro de pena por perderlos. Lloro de emoción por haberlos descubierto. Lloro por una enfermedad genética que hace que mi glándula lagrimal sea menos funcional que una PlayStation 3.
Y es que a veces cuesta decir adiós (y hola) a un producto que ha cambiado los fundamentos de tus creencias existenciales.
Franken Berry, ahí donde le veis, con su sonrisa de niño retrasado, es el emblema de los cereales de fresa que por primera vez cuestionan la supremacía de Froot Loops en el mundo del desayuno.
Está claro que, estadísticamente hablando, tiene que existir algún cereal que yo no haya probado y que sea lo más de lo más, la creme de la creme, lo...ya me entendéis.
Pero esta vez, por fin he podido probar, con mis propias papilas gustativas, un cereal que me gusta más que Froot Loops, algo que no pasaba desde...nunca.
En toda su gloria de 12 vitaminas, minerales, calcio y sólo 130 calorías, Franken Berry es un cereal sabor a fresa con marshmallows y que con su exceso de azúcar te ayuda a tocar las nubes, a llegar al éxtasis, a pegarte una timba de El Remigio con San Pedro sin necesidad de morir.
El festival de olor y color al abrir la bolsa consigue variar tu ritmo cardíaco.
El pulso se acelera, la aorta empieza a palpitar como cualquier personaje de Dragon Ball que se precie, y las palmas de las manos empiezan a sudar.
Sabes que dentro de poco vas a probar uno de los productos que tienen mejor pinta que has visto jamás.
Es como estar delante de una piscina de bolas comestible.
Pero antes de proceder a la catadura, me deleito con la caja. Su arte frontal apenas nos deja entrever la verdadera forma de Franken Berry.
El póster al dorso que sirve para ahuyentar a la gente de tu habitación todavía enseña menos de la anatomía del monstruo.
Por desgracia, hoy en día apenas uso el transporte público, pero si todavía viviese en Barcelona, me graparía al pecho este póster para que nadie me hable en el metro.
Seguro que funciona mejor que ser de una minoría étnica para que nadie te hable.
Pero Franken Berry, apuesta por la austeridad.
No dejéis que la cadena de DJ rapero os engañe, y quedaos con la camiseta y pantalones rojos sin costuras, que rayan el borde de la tecnología amish. Y sobre todo, quedaos con esas zapatillas de estar por casa.
No hay nada como una monstruo casero que tiene indicadores de presión incrustados en el cráneo.
Los cereales en sí tienen la misma forma que los de Count Chocula, pero el olor y el color son radicalmente diferentes.
De la misma forma, los marshmallows tienen las mismas formas, pero sus colores son diferentes, y es precisamente esta variedad lo que hace que me dé cuenta de lo que realmente son.
El rosado está al revés y es la forma de la cabeza de Franken Berry, el lila es un murciélago, el azul lo he visto en una forma mucho más estilizada entre el cuerpo de Boo y la cabeza de Count Chocula, y lo mismo con el blanco...no tengo muy claro si es un fantasma o si lo giras se trata de la melena de Count Chocula.
Pero olvídate de los libros de Jorge Bucay y de las algas del Mar Muerto, porque si quieres mejorar tu calidad de vida, la respuesta se encuentra en el sabor de Franken Berry.
Me gustaría decir que su sabor es de fresa, pero no hay fresa en el mundo que estén tan tremendas como estos cereales.
Un sabor que se te incrusta en el lóbulo frontal del cerebro y que espero que no te deje nunca jamás.
Me he pasado toda la mañana haciendo dibujitos para cuando el tiempo y la desidia empiece a borrarme la memoria, pueda mirar los dibujitos y recordar los buenos tiempos con un bol de Franken Berry.
Además, su mezcla con los marshmallows potencian el sabor, la intensidad y su suavidad en la boca, y hacen que el subidón de azúcar vuelva las cosas de colores estridentes, y te sientes feliz, porque sabes que cuando se pase el subidón, esos colores dejarán de existir, porque, después de todo, quién cojones quieres vivir rodeado de colores estridentes.
Para realizar un testeo decente, he procedido a probarlos con leche, tal y como hace la mayoría de gente que come cereales, y las conclusiones son muy similares que los resultados de Count Chocula.
Si estás pensando a mezclar esta maravilla con leche, hazlo rápido y con alevosía.
El sabor se potencia y se aumenta. La textura se suaviza y todo pasa mucho mejor.
Por os tengo que avisar.
Pasados los 5 minutos, tanto los cereales como los marshmallows empiezan a estar tan blanditos que es como comer caracoles tísicos.
Eso sí, la leche se vuelve rosa cuando has acabado, así que siempre vale la pena probar...todo sea por beber leche rosa.
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