Declarar sin lugar a dudas, que una chocolatina es la mejor del mundo, es algo que no me tomo a la ligera y que intento no hacer más de una vez por semana.
De ahí que me haya ataviado con 30 kilos de plomo para cantar a los 17 vientos que en mi último viaje por tierras nacionales encontré la chocolatina con la que, no sólo quiero que me entierren, sino que además, seguramente será el medio con el que llegaré al estado físico que me cualifique para ser enterrado.
Y es que no hay huevos de que algo sea tan bueno y no sea mortal.

Cuando era un culpable niño1 busqué la excelencia de las mezclas alimenticias más chungas que nadie se atrevió a comercializar.
Cómo no lo podía comprar en una tienda o bar con licencia sanitaria, me tocaba a mi prepararme esas aceitunas con Coca-Cola, esos bocatas de paté picante, chocolate y nueces, esas pizzas margarita hasta los bordes de kikos.
Pero jamás se me ocurrió mezclar Chocolate y Peta Zetas.
Es una de esas ideas que parece tan obvia que te da de leches en la frente cuando la ves y te grapa en tu cerebro un montón de post-its que a modo de anagrama dejan leer: "¿Porqué no lo había pensado antes?".
Después de todo, por aquél entonces las barritas de cereales y las chocolatinas parecían haber llegado al límite de las mezclas, con chocolate con piel de naranja y arroz inflado siendo el mayor exponente de una versión super_pija de Crunch.
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La barrita de chocolate con leche relleno de Peta Zetas2 se compone de casi 30 centímetros de onanismo musical que no es apto para oficinas por el sencillo hecho de que trabajar
cuando tu compañero parece haberse comido una familia de grillos es más que desconcertante.

Si me centro en la chocolatina en sí, la única razón por la que no la tacho de perfecta es porque no se vende en Suecia y por lo tanto no puedo probar a la comunidad científica que el cuerpo humano puede engullir 150 de estas chocolatinas sin explotar.
Su textura es merecedora del premio Nobel de la paz3, su calidad de chocolate es de nivel de vaca morada y los Peta Zetas hacen que la falta de caramelo sea una pérdida prácticamente imperceptible.
Si a eso le sumamos el efecto sonoro que los Peta Zetas le añaden a la experiencia y que con la armonía y musicalidad suficiente, podríamos entonar la melodía de Star Wars, entonces, esta barrita de chocolate, se pasa por la piedra a cualquier otra chocolatina de renombre que no tiene la cualidad
de anunciar tu presencia según avanzas por el pasillo de tu oficina.

Si intentamos seguir la analogía de la gente de juicio pobre que considera que el chocolate es un buen sustitutivo del sexo, entonces el Chocolate con Peta Zetas sería una noche de juerga nudista con el cast femenino entero de Los Vigilantes de la Playa. Con fuegos artificiales.
Así que ya sabes, si quieres montártelo con DJ y compañía, ve corriendo al BelRos más cercano y cómprate 15 barritas de chocolate con Peta Zetas, o "Chocozetas" que es el nombre con el que cariñosamente he adoptado mi chocolatina favorita de toda la historia...de este mes.
1 yo nunca fui inocente.
2 cetro de entes superiores.
3 eh! si Al Gore lo ganó, una chocolatina con Peta Zetas no puede ser menos.
melonian (14-05-08)
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