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Cuando pienso en la época de los templarios, no puedo de reflexionar en lo jodido que era, en aquellos tiempos, llevar a cabo una gesta de superación personal.
Empaquetar la armadura y encaminarse a Tierra Santa para defender peregrinos y de paso acabar con algún que otro musulmán no era una tarea sencilla a llevar a cabo.

Por suerte, hoy en día, "Las Cruzadas" ya no se consideran una actividad vacacional de aventura y su supervivencia ha quedado desterrada como nombre de una asociación de madres divorciadas.

En mi caso, la culminación de la obra de mi vida tiene como objetivo probar Oreos con crema de colores diferentes suficientes como para poder colorear la bandera de Zimbawe.


Hoy doy un paso en el camino que tiene que llevarme a cumplir el mayor de mis sueños.

Hoy vamos a hablar de las Oreos de Invierno, Oreos de crema roja.

Por una vez, y que no sirva de precedente, me alegro de que una compañía se pase por el forro escrotal la festividad navideña mientras se intentan aprovechar de ella.

Sé que me hago pesado, pero durante los últimos años, las grandes empresas americanas han ido retirando de sus ediciones navideñas la palabra Navidad y la han sustituido por Holiday o Winter para no suscitar las iras de aquéllos que no celebran la Navidad.
Por supuesto esto tiene una doble moralidad impresionante, porque los envoltorios se visten de verde, blanco y rojo y se aprovechan de la tirada de las compras vacacionales, así que no quieren llevar su nombre, pero al fin y al cabo se dedican a chupar del bote todo lo que pueden.

Nabisco es una de esas empresas que ha decidido ser políticamente correcta y su edición de Navidad se convierte en una edición de invierno.
Oh, sí, tiene todos los motivos que hacen de la palabra Winter un disfracillo cutre de la palabra Christmas, pero como decía antes, por una vez me alegra, porque así puede escribir sobre esta edición de Oreos a mediados de febrero, cuando la Navidad queda muy atrás, como un doloroso y triste recuerdo.


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El envoltorio, pese a tener altos niveles de molonería y estilo, no consigue llegar al poderío absoluto de las Oreos de Halloween.

No es por quitarles mérito, simplemente los diseñadores de la edición de la Noche de Brujas pusieron el listón tan alto que ni Sergei Bubka.


De todas formas, las Oreo Winter edition pueden estar más que contentas, porque mientras por comparación con los unos no son nada especial, por comparación con el resto de las galletas mundiales, estamos ante una pequeña obra de arte.

La sección trasera mantiene el diseño frontal pero aprovecha para dejarnos ver los 4 diseños de las tapas que nos vamos a encontrar una vez abramos la bolsa.

Sé que a priori no son diseños que uno se quiera tatuar en la frente, pero aún así, no puedo dejar de agradecer a la gente de Nabisco por esforzarse.
Cuando España seguimos teniendo el mismo puto diseño de las Petite Ecolier que hace 45 años, en Estados Unidos hay gente que sin motivo aparente van poniendo dibujitos graciosos en las tapas de sus galletas.
Gracias.


Ahí lo tenéis.
Un copo de nieve, un hombre de nieve, un hombre de jengibre y un par de patines sobre hielo.

Ahora comparadla con el niñato gabacho que lleva monopolizando las Petite Ecolier de toda la vida.
Oh, sí. Las Petite Ecolier están que te cagas, pero por favor, hagan la galleta un poco más divertida, que las ganas de suicidio van aumentando a medida que vas comiendo galletas.


No sé vosotros, pero a mi se me cae una lagrimilla cada vez que veo esta foto.
Si esto fuera una web chunga, os podría decir que se trata de una edición Yakuza y que la crema está hecha de sangre de miembros del clan, pero como estamos donde estamos, la única comparación que se me ocurre es con trocitos plastilina de Play Doh.

Como sucede con otras ediciones especiales, la capa de crema es significativamente más gruesa.
Nada exagerado, lo suficiente como para ser una agradable sorpresa sin llegar a ser argamasa suficiente como para construir una casa de verano.


Sé que a veces os digo que el color no ha salido bien por culpa del flash de la cámara, pero esta vez es prácticamente perfecto.

Ese rojo intenso es tan alucinante que por un momento no sabes si tienes que comerte la galleta o se supone que la debes utilizar como elemento decorativo.

Esta vez, la única diferencia es el sabor.
No sé si es por que estaba tan flipado por su color que esta vez, sí he notado un sabor algo diferente y más plastificado.

Ojo, no por ser más plastificado quiero decir que sea malo, pero hay algo diferente en la crema, aunque ya os digo que puede ser que sea yo el que está algo plastificado.


Ya sé que a muchos, comerse galletas que en vez del blanco prístino y habitual vienen con una crema de color hemorragia interna, pero eh, si Denzel y Gene nos las recomiendan, quienes somos nosotros para negarnos.

Para colores, los gustos.



melonian (20-02-08)


todavía es invierno ...casi!

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