
(Si no lo has hecho ya, lee la primera parte)
Día 2

24 horas de empezar el experimento, los efectos en la Coca-Cola y la Fanta empiezan a ser visibles.
Hay trozos de algo más oscuro flotando por ahí.
No sé si es que la carne ha empezado a deshacerse o el tarro no estaba tan limpio como pensaba.
La leche, el agua y el tarro vacío no ofrecen cambio alguno en su aspecto.
Día 3

El tercer trae un tarro de CocaCola sin cambios, pero con cambios significativos en el resto de tarros.
La Fanta está significativamente más clara, la leche empieza a tener una pinta similar a la superficie lunar (tachán) y el agua empieza a perder su claridad.
También se puede observar que hay algo de condensación en los tarros.
Los movimientos internos de las reacciones químicas empiezan a desprender vapor, como un hombre octogenario que ha perdido el respeto por las reglas básicas de la convivencia en sociedad.
Día 4

Ahora es la CocaCola la que empieza a perder color.
Color que parece estar ganando el trozo de carne que está en el tarro vacío.
La condensación gana en presencia y la leche se ha separado en dos frentes.
El que está cerca de la carne y el que está cerca de la superficie. Eeew.
Día 5

El quinto día, a parte de poder ser el título de una novela de Ken Follet, no nos trae ningún cambio apreciable.
Quizá el líquido entre las dos facciones de lo que en su día fue leche está más claro y a pasado de ser la evolución rara de la leche en descomposición a ser el protagonista de mis pesadillas más brutales.
Día 6

Día 6 en La Vila del Pingüí y la Coca-Cola ha perdido todo el color pasando tener el mismo color del agua potable de Uganda, de la Fanta del segundo tarro y del agua que tiene el cuarto tarro.
El tarro con Leche me llama, me pide que me una él y comenta que juntos podemos dominar el mundo.
Yo le contesto que es ridículo, porque quién ha oído hablar de leche zombie en un tarro que domine el mundo.
Día 7

Tras una semana, lo que tendría que ser el último día, nos trae un interesante resultado y es que los líquidos más oscuros han tendido ha aclararse y los más claros han tendido a oscurecerse llegando al mismo tonillo
de agua chunga.
De todas formas, empieza a estar claro que los trozos del tarro de Coca-Cola eran moléculas de colorante separándose de la Coca-Cola y no trozos de carne flotando.
Para no arriesgarme, decido darle al experimento tres días más para cerrar el tinglado en 10 días de confinación tarril.
No vaya a ser que venga alguien y me diga que una semana es poco y que debería por lo menos intentarlo con un tercio de mes.
Día 11

Después de 11 días, se puede decir que ha habido cierto progreso, pero nada que me haga pensar que en breve desaparecerá algún pedazo de lomo.
Los cambios más significativos se encuentran en el tarro de agua, que ha empezado a dejar lo que vendría a ser el contrario del poso o un poso poltergeist que en vez de situarse en el fondo
del recipiente decide pasar el tiempo a pocos milímetros de la superficie.
El otro cambio es la consolidación de una mayoría significativa de trozos de leche en la parte superior del tarro.
Me da mucho miedo abrirlo y descubrir que en realidad las voces que oigo vienen de una pequeña boca que tiene lo que antes era leche.
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