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Hace más de dos años, siguiendo una llamada mística y un número indeterminado de comentarios irritantes sobre mi ligero abuso de Coca-Cola, decidí llamar a las musas de chocolate para darme fuerzas y destrozar un mito que siempre me dio por vía rectal.

Así nació mi experimento de la Carne con Coca-Cola para probar que la carne no se deshace con la Coca-Cola y que un mono vestido de marinero sin pantalones es una fuente de cachondeo inagotable.

No es el artículo más leído, pero sí es el que más controversia me ha traído.
Más de 20 mails perfectamente divididos entre gente que me congratula por ayudarles a probar que el mito es falso, gente que me odia y gente que por alguna razón extraña, puntualiza y me hace saber que sabe donde vivo.

La mayoría de detractores ponen en duda mis métodos científicos, cosa totalmente absurda, porque mis métodos nunca han sido científicos.
Yo soy a la ciencia lo que Ana Obregón es a la biología y la última vez que vi un tubo de ensayo fue para hacer una pequeña explosión con agua y Peta Zetas.

Pero incluso aquellos que juraban arrancarme el corazón con un cepillo de dientes electrónico ponían en la mesa algunos puntos que valía la pena considerar.
El tiempo, los ingredientes y las maneras parecían ser de alta importancia para conseguir resultados mínimamente creíbles y que no pareciesen el proyecto final de la clase de ciencias de un niño sin padres.

La primera queja se basaba en dejar la carne en la Coca-Cola sólo 24 horas, lo que mucha gente parece pensar es poco tiempo.
Luego está el tema de hermetizar el experimento con algo más fiable que una tira de papel de plata.
El tercer punto relevante giraba entorno a los líquidos usados para el experimento, ya que a) no había ningún otro refresco parecido a la Coca-Cola, b) no se hacían pruebas con el líquido más natural, el agua y c) no se hacían pruebas para ver qué tal le va a un trozo de carne por sí sola.

Así que después de darle vueltas y recibir dos animales muertos con post-its amenazantes enganchados he decidido volver a hacer el experimento, pero esta vez algo más profesional, porque lo de los perros muertos, vale, pero enganchar post-its sobre pelaje animal es pasarse.


El nuevo test se haría de forma provisional, con gafas de protección, bata protectora y esas bolsitas azules que te tienes que poner sobre los zapatos tan ridículas.
Además de los términos obligados y proporcionados por el departamento de Recursos Humanos, también teníamos:

- 5 Tarros
- Lomo
- Coca-Cola
- Fanta Verdía
- Leche
- Agua
- Aire
- Pinzas (porque hay cosas que más vale no tocar)


La carne es carne sueca, rubia y con un exceso de diéresis.
Para hacer la correlación con el primer experimento, escogí lomo, no sólo porque se puede presentar frito, rebozado y en bocata, sino que además, por su fina complexión corporal, es la carne que, a falta de piel de Michael Jackson, tiene más probabilidades de disolverse en Coca-Cola.




Con ayuda de este calendario de alta precisión, me disponía comenzar el experimento que consistiría en introducir un trozo de lomo en cada tarro, llenarlo con un líquido y cerrarlo durante una semana.

Ya sé que empecé el experimento el día 4 de noviembre (hace casi tres meses) y que por lo tanto el día 1 es el día 4 y eso puede confundir las sensibilidades de algunos de vosotros.
Pero si el delfín de madera puede hacer las cuentas, vosotros también.


Cada día haría fotos del proceso para intentar captar la metamorfosis de la carne y ver si era posible conseguir algún tipo de cerdo-zombie en un tarro.

Podéis ver que el grosor de los cortes de lomo no es de bandera, así que en cierto modo, se lo estoy poniendo a huevo a la Coca-Cola para hacer lo que medio mundo cree que puede hacer, y hoy por una vez no me refiero a eso.


El primer tarro se lleva la Coca-Cola con el trozo de carne, cuya desaparición es la hipótesis nula que estamos estudiando.

La espumilla que deja al entrar en contacto con la carne es altamente preocupante, pero si quiero estar preparado para ver qué pasa dentro de 7 días, entonces tengo que insensibilizarme ante visiones de esta índole.

Observad que el líquido cubre por completo, y de largo, el trozo de lomo.


El tarro con Fanta Verdía también deja algo de espumilla, dándole un aspecto cervecero que sólo una jarra sucia puede ofrecer.

Elegí la Fanta Verdía por dos razones: La primera es que necesitaba un refresco equivalente a la Coca-Cola, con azúcar y gas con el que poder comparar. La segunda es que tengo unas cuantas latas de Fanta Verdía, no la soporto, y de alguna forma me tengo que deshacer de ella.


La inclusión de la leche no es del todo aleatoria.
La usé para el primer experimento por aquello de que no todo lo natural y sano es mejor que lo químico y a veces un producto más que saludable puede tener reacciones desagradables al interactuar con otros productos recomendables.

Se rumorea que la leche sueca es la bomba.
A mi, dadme Pascual Con Calcio y soy feliz.


Esta vez no podía faltar.

Siempre diciendo que si la Coca-Cola esto, que si la Coca-Cola aquello y quizá el agua tiene las mismas propiedades de la Coca-Cola pero sin el sabor, color y la molonería adicional de la que está hecho el refresco americano.

Se rumorea que el agua del grifo sueca es la leche.
Y es verdad. Beber agua que no parece de segunda mano es una gozada.


Un tarro vacío.

Si estuviésemos en Hyrule, me iría por ahí a cazar alguna hada para uso personal posterior, pero en estos momentos me servirá para descubrir qué le pasa a la carne si no le damos por culo con un líquido durante una semana.

Quién sabe, a lo mejor da más asco que el resto.


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