Gritos en el Pasillo

Juan Terranova

Calle 17

ByTheWay.tv

Demasiado Violeta

La Esfera

Reducir al Mínimo

¿En qué piensa un calcetín?

Simaegi

Pretty Curry

La Srta. Melón

El Quinto Pino


 
 
No suele pasar que, paseando por un supermercado, te encuentres con auténtico emisario del infierno, a menos que compres habitualmente en un supermercado Día.

Todavía es menos frecuente que ese emisario aproveche el frenesí de las compras navideñas para personificarse ante la humanidad e intentar arruinar sus vidas para siempre.
Supongo que suele ser porque incluso Satán tiene la suficiente clase como para no tentar a la gente durante las celebraciones del Niño Jesús, y deja el trabajo sucio al Consumismo, que tiene pillados a todos los seres humanos por los tegumentos procreativos.

Por eso me sorprendió, al entrar en mi Supermercado Sueco Favorito Y Que No Es Día, ver a un súcubo rosado disfrazado de Papá Noel.


Encaramado a una pirámide de cajas, atrayendo la atención de cientos de clientes del supermercado y escondido bajo una apariencia de conejito rosa con atuendo de Santa Claus, se encuentra un representante de Belcebú.

Sé que no lo creéis.
Soy como Parkman, puedo leer vuestros pensamientos, lectores incrédulos, y ahora mismo os estoy mostrando mi más afectivo dedo corazón, alzado en rebeldía para cagarme en vuestros muertos.


Y es que con las cosas del más allá no se juega, y menos si los siervos del Diablo se presentan ante ti bajo la apariencia del conejito de Duracell en versión navideña.

Decenas y decenas de cajas de conejitos yacían amontonadas cerca de la sección de juguetes, donde pueden hacer más daño, porque hoy en día no hay un juguete electrónico que traiga las putas pilas.

Y lo peor es que estos conejos electrónicos eran gratis. Sólo tenías que comprar dos paquetes de pilas Duracell y podías llevarte tu propio engendro del demonio, gratis, a casa.


Y como si se tratase del mismísimo HipnoSapo, todos, suecos o no, nos lanzamos a comprar pilas como si no hubiese un mañana que esperar, lo cual es bastante absurdo, porque ya me dirás para qué quieres 8 pilas si no hay un mañana. Seguramente si estás apunto de enfrentarte al Apocalipsis, el último de tus problemas es reponer tu stock de pilas.


Por supuesto, yo no pude resistirme y me compré los dos paquetes de pilas necesarios para llevarme, por la cara, mi propio conejo infernal.

Lo mejor de todo es que en casa, sólo gastamos del tipo AAA, para el reproductor de mp3, pero en este caso tuve que combinar con las AA porque el conejo de regalo VIENE SIN LAS PUTAS PILAS!!!!.

Pero para entonces daba igual, el canto de sirena había calado en mi lóbulo frontal, que definitivamente es el más estúpido de los lóbulos que tengo en mi cerebro.


Los desalmados de Duracell se atreven a llamar Santa Bunny, cuando está bien claro que los conejos siempre han estado en contra de la Navidad y de la mayoría de festividades que no incluyan dominar el mundo y zanahorias.

Yo le llamo El Conejito del Infierno, que pese a poder pertenecer a una selección selecta de títulos de cine X, deja bastante clara la condición subterránea de este lepórido rosa.


clicka para ver el terror

Puedo llegar a entender que una persona de juicio pobre sienta cierta simpatía por esta abominación del mal.

Es medianamente dulce y carga con una saco lleno de regalos.
Si a eso le añadimos que su indumentaria es la de Papá Noel, podríamos aceptar alguien que no sabe distinguir el bien del mal y que por lo tanto no sabe diferenciar una Coca-Cola de una Pepsi, llegase a sentir cierto aprecio por el muñeco, pero una vez le pones las pilas...

Una vez le pones las pilas estás perdido.
No hay nada que te traiga del plano astral al que te lleva este bicho infernal.

No te extrañe que acabes matando a tu familia para después quitarte la tuya propia.

Y como es imposible explicarlo con palabras, os he colgado el vídeo para que veáis lo que significa tener al Conejo de Duracell en casa, pitando villancicos sin parar con un loop que dura unos 28 segundos y que se repite sin cesar mientras el conejo se balancea pa'lante y pa'trás.

Tened cuidado, porque los pitidos son agudos, irritantes y tocan a un tiempo mucho más rápido del que debería.
Es como escuchar cantar Villancicos a niños desentonados con un chute de helio.

Si aún no os sangran las orejas, quizá aún podáis hacer algo decente con vuestras vidas, aunque la mayoría no llegaréis a leer estas últimas frases y estaréis tirados en el suelo, sufriendo convulsiones mientras vuestras almas marchan dolorosamente al Infierno y vuestros cuerpos se levantan en lo que supone un nuevo holocausto zombie que paradójicamente se ha producido a partir de un conejito rosa vestido de Papá Noel.

Los caminos del Señor serán inescrutables, pero esta vez, se ha pasado de la raya.

melonian (13-12-07)


comenta en el blog

.: © www.meloncorp.com 1592 - 2007 :.