Gritos en el Pasillo

Juan Terranova

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Ahora que empieza a hacer un poco de frío de cojones en las latitudes norteñas, me acuerdo de aquellos años en que no tenía que pasar por la tediosa tarea de decidir que leches voy a cenar.

Cuando uno vive bajo el techo de una madre, y particularmente si esa madre es ama de casa, suele tener resuelto el tema de las comidas.
En mi caso, mi madre actuaba como una especie de fuerza sobrenatural que marca las estaciones a pasos firmes e imparables, y a partir de mediados de septiembre, todas las cenas que no incluían bocata (de lunes a viernes a excepción del miércoles) tenían por primer plato un plato de sopa.

Y así hasta junio, donde la sopa era sustituida por algún tipo de ensalada veraniega que solía tener arroz, queso y salchicha en proporciones que no me atrevo a recordar.

Por supuesto, yo odiaba la sopa.
Sólo me comía la pasta que había dentro y dejaba todo el caldo. Y tengo que decir que éste no era un caldo de todo a cien. No.
El caldo de mi madre era de esos que se cuecen en un puchero durante horas con una mezcla de vegetales y cadáveres de aves y que te lanza de la fase infantil a la de adulto pasándose la pubertad y la adolescencia por el forro.

A la mierda con el sexo, el carnet de conducir o matar aliens en pirámides absurdas.
Una taza del caldo de mi madre. Eso sí es una prueba de hombría (e incluso de codía y rodillía).


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La cuestión es que desde que dejé el nido amniótico, cada invierno tengo el mono de una buena sopita de pasta y hace ya un tiempo me propuse en remediarlo.

Siguiendo un impulso hormonal, me fui al supermercado más grande en un radio de 30 km (FM) dispuesto a comprar todo lo necesario para hacerme cenas de sopa de pasta hasta que el calentamiento global nos deje sin inviernos.

Como resultado de la incursión, encontré lo que veis más arriba.
Pasta para sopa salida de cuentos de hadas, hadas frikis, que juegan a rol y llevan tatuado un Halcón Milenario en el tobillo o debajo de una ala.

Pero tengo que reconocer que ni siquiera así conseguí ponerme a hacer una sopa.
Dos años después de tener los paquetes de Nunca Jamás en la despensa y diseñando los planes de migraciones nórdicas, me di cuenta que no tenía ningún tipo de excusa para incluir 5 paquetes de comida caducada en una de las cajas de la mudanza.
Puedo tener comida caducada en mi cocina durante eras glaciales, pero cuando toca mudarse, no tengo moral para empaquetarla y llevármela conmigo.

En este caso y debido a la envergadura del producto, decidí darle una segunda y última oportunidad en los 2 meses que estuve en casa de mis padres antes de mudarme a Suecia.
La perseverancia me dio la razón, claro la perseverancia también me ha dejado medio ciego y con los pulgares más grandes de lo que vendría a ser normal por culpa de no darme por vencido con Megaman.

Se pueden encontrar en todos los supermercados de dimensiones decentes y hay más de las que yo voy a cubrir, como por ejemplo de dinosaurios, Barbie y las mejores poses de Lina Morgan.

Vamos a ver las que me formaron la Última Alianza de las sopas de pasta.

PASTA DE SUPER HÉROES


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Llamada erróneamente "Super Héroes", la esta pasta vitaminada tan sólo trae piezas de pasta con motivos de Superman y Batman.

Ya sé que estaréis pensando "Bah, ¿sólo?". Pues sí, sólo.
Ninguna pasta que se precie y presuman de llamarse de Super Héroes, debe incluir por lo menos el perfil pastificado de John McClane, el más grande de los Super Héroes.

No obstante, cuando estás en Carrefour buscando pasta para sopa, cómo puedes pasar de largo de una pasta con un envoltorio tan cojonudo. Batman y Superman en posición de batalla y con el diseño del dibujo animado que tanto nos ha marcado.


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11 minutos de cocción me parece demasiado poco tiempo para ablandar a Batman y Superman, pero si Pastas Gallo así lo cree, no somos nadie para poner en entredicho lo que ellos nos digan.
Suponemos que Lex Luthor y el Pingüino se están frotando las manos.


Hay cinco diseños especiales que intentarán nutrir a todo aquél que se atreva a ingerir una pasta de tan altas miras.

El torso y el símbolo de Superman, y la máscara, símbolo de Batman y el Batmovil (que no sale en la foto y que veremos después).

Si yo fuera Cocodrilo Dandee, en vez de adornar mi sombrero con dientes de cocodrilo, lo haría con máscaras de Batman de pastas Gallo.

LAS SUPERNENAS y LOS PITUFOS


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Que Las Supernenas tengan su propia pasta tiene un mérito especial si tenemos en cuenta que su historia va en contra del modelo familiar tradicional español.
Padre soltero, niñas creadas en un laboratorio, super poderes.

Nada de la típica imagen que uno tiene en mente cuando piensa en el sagrado estamento del matrimonio en España. Un hombre trabajador, una mujer ama de casa, dos niños con fracaso escolar. Quizá algo de abuso físico...


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En este caso, pastas Ardilla se ha marcado una pasta de sabores vegetales distintos, aunque a mi me sepan todas iguales.

Verde, amarillo, naranja y lo que parece un azul-turquesa-muerte son los colores que en principio tendrían que representar un vegetal en concreto. No quiero ni intentar pensar qué vegetal es el que representa ese color negruzco, pero probablemente llevaba más tiempo caducada que la misma pasta.


La gracia especial de estas pastas es que los colores están fijados en cada una de las 4 formas y no se mezclan como otras pastas que un caché inferior.

Cactus (Buttercup) está hecha de pasta verde, cómo no!

Burbuja (Bubbles), por supuesto, está hecho de pasta convencional y amarilla, como toda la pasta y el mejor humor.

Pétalo (Blossom), además de tener nombre de hombretón con crisis de identidad sexual, se ve representada en su avatar pástico, por un color anaranjado.

Mojo Jojo, el malvado mono inteligente (que casualmente es la misma definición de "humano"), está representado por ese colorcillo a fruta sin dignidad y un diseño creado por alguien que leyó cómo era el villano de las Supernenas, pero que nunca le llegó a ver.


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La pasta de los Pitufos, perpetrada por pastas El Pavo, también es de esas que intentan introducir la verdura en la dieta de los niños por métodos alternativos, pero en este caso, los colores no están asignados a una forma particular y se mezclan sin rubor ni pudor.

Lo que no acabo de entender, es qué clase de niño de hoy en día querría pasta de Los Pitufos.

Sin entrar a comentar la serie, todos estaremos de acuerdo, que desde el incidente de Los Pitufos Makineros, los Pitufos empezaron un descenso que todavía no ha tocado fondo.

En los últimos años, tan sólo el chiste de John McClane sobre los pitufos, salva a esta especie de gnomo azulado de la quema absoluta.

Estoy convencido que ningún niño sano y sin la presión de padres nostálgicos elegiría esta pitufipasta.


Pitufos varios, Pitufina (la única pitufo hembra y que por tanto único medio reproductor de la especie), una casa-champiñón y lo que solamente puedo creer que es la versión absurda de Gargamel se encuentran en este paquete de pasta que podría ser, de lejos, el peor intento para atrapar a los niños si este puede elegir entre Batman y las Supernenas.

Sólo si El Pavo se hubiese currado una pasta de color azul hubiese sido la mejor pasta del planeta, y hubiese ganado nuestro corazón por siempre, pero no, se quedaron con colores verde, amarillo y naranja, que no tienen nada de especial cuando piensas en comida.

Eso sí, hay que dar un especial reconocimiento a la gente de El Pavo porque la CasaHongo está muy currada y supongo que debe ser difícil que la pasta aguante a un diseño tan delicado.

BUGS BUNNY Y SUS AMIGOS


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Bugs Bunny y Sus Amigos, alias Warner, de Pastas Gallos es otro de esos que uno no puede dejar de coger de la estantería del supermercado cuando se pasa por delante.

Hay pocas experiencias equiparables a tragarse productos con motivos del Demonio de Tasmania, y son sólo superadas por hacerlo con productos que son realmente comestibles.

Sí, un llavero es un llavero, pero unos cuantos gramos de pasta con la cara del Demonio de Tasmania, sigue siendo la mejor opción si no quieres acabar en urgencias o tener que ir al lavabo cada vez que quieres abrir una puerta.


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La pasta de la Warner también apuesta por las solución de pasta vegetal, dejando que el tomate y la lechuga den color a la pasta, con la concepción errónea de que es más fácil comerse una ensalada en forma de pasta para sopa que haciendo la ensalada propiamente dicha.

Los colores vuelven a ser no exclusivos, lo que hace todavía más especial que en la pasta de las Powerpuff Girls cada personaje tenga su color propio.


El Coyote, Bugs Bunny, el Correcaminos e incluso de Demonio de Tasmania están muy bien conseguidos.
La de Piolín parece una versión Frankenstein del pajarito pedante, y es algo cutre.

Entre Piolín y Bugs Bunny está Lola Bunny, que no sale en el envoltorio y que seguramente ha conseguido un puesto en el pack porque se acuesta con alguien importante.

Y ahora que lo pienso, ¿dónde está el Pato Lucas?
Pues bien, justo encima del Demonio de Tasmania podéis ver uno boca bajo, y hay otro debajo de Bugs Bunny.

LOS SIMPSONS


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Los Simpsons, aunque son los que duramente los últimos años se han ganado la lucha por la fama y no hay producto que no tenga su versión Homer o Bart, está bastante claro que la batalla por la excelencia de las pastas para sopa la tienen perdida.

Quizá sea porque no son de marca y se venden como marca Carrefour, o porque el tiempo de cocción es tan sólo de 8 minutos, y no cabe en la mente de nadie que algo que sólo tarda 8 minutos en estar listo sea decente.


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Como era de esperar en una pasta que toma la forma de los Simpsons, el color sólo podía ser amarillo.
Algo paliducho y triste pero amarillo.


Las formas de Los Simpsons tampoco son las mejores.
Claro que hay muy pocos productos que consigan una forma que sea fiel al trazado de cada personaje de los simpsons.

Seguramente la mejor de todas es Maggie, porque Lisa tiene un tupé raro, Bart parece que lleve gafas, Homer no está lo suficientemente definido y Marge lleva el pelo corto.


Y vista la cantidad suficiente de pasta estrafalaria suficiente como para alimentar dos familias de pigmeos durante un año, toca convertirla en sopa para ver el antes y el después.

Como yo no tengo los medios ni los conocimientos para conseguir un caldo de los de antes, tengo que recurrir a caldo en tetrabrick.
Eso sí, si tengo que hacerlo, yo escojo el mejor, Caldo Natural Aneto.


mmmmmmmm en grande

Y ahí tenéis, humeante, invitante.

Una sopita de pasta friki, densa, potente y llena de color, que vuela, lanza rallos por los ojos y tiene un coche molón.
De tener este tipo de sopas cuando era niño, la época invernal en la que me tenía que tragar las sopas más aburridas durante 6 meses, hubiese sido un periodo más divertido.


...el después

Y ahí tenéis, las piezas después de una temporada en caldo hirviente.

Sé que no están todas las piezas diferentes, pero bucear en caldo hirviente en busca de un trocito de pasta con la forma del Pato Lucas tiene un límite.

Eso sí, la pasta de la Warner y la de los Pitufos son los que han quedado mejor después de la cocción.
Las pobres SuperNenas pierden bastante de sus facciones faciales, pero es un precio que hay que pagar si quieres llegar a ser comestible.

Y bueno, Pasta Ya! (_!) que me he enrollado demasiado.

Ahora ya sólo me falta encontrar pasta de Star Wars y no tendré problemas para saber qué cenar cada noche.
Cenar La Fuerza hasta el fin de mis días podría costarme una pasta, pero valdría la pena.

melonian (23-11-07)


Échale un vistazo al frío sueco...

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