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Soy un gran fan de las novelas de Neil Gaiman, un tipo con una imaginación que doma las dimensiones de lo onírico, lo surreal y ciertos tipos de roedor.
Sus Dioses Americanos me hicieron pasar 2 semanas alucinantes, con una historia perfectamente tramada y que te lleva a lo más oscuro de la mitología clásica nórdica en su éxodo hacia
América donde deberán luchar contra los dioses modernos que se han instaurado sin que nos hayamos dado cuenta.
De ahí que siguiendo esa pequeña manía que me obliga a leer todo lo disponible de los autores que me enganchan seriamente, hizo que en mis manos cayera Coraline.

Coraline es una novelilla de 162 páginas escrita para lectores jóvenes que se encasilla demasiadas veces dentro del género de terror.
A ver, yo me caracterizo por no haber leído literatura de terror y siempre he sentido la curiosidad de entender cómo se puede infundir terror a través de las páginas.
Hace muchos años leí Carrie (carrie que te pillo) del Stephen King y me deprimí mucho porque no consiguió darme el más mínimo susto.
Tensión, sí. Mal rollito, también. Pero nada del acojone que la peli conseguía transmitir con Sissy Spacek y esa mirada de "estoy más pallá que pacá".
A partir de ahí, las páginas que más miedo me han dado son en las que se explica como Ella LaAraña está apuntito de zamparse a Frodo.

Pero la selección de críticas que aparecen en las primeras páginas del libro te hacían pensar en que sería una buena idea leer Coraline con un pañal puesto.
Además, si Terry Pratchett me dice que este libro es cojonudo, yo me siento y me lo leo tantas veces como me haga falta hasta que me guste.
Por suerte, sólo necesité leerlo una sola vez para que me encantara, pero eso sí, yo de miedo y terror, poco.

Eso sí, Gaiman consigue meterte dentro de la historia y te produce un mal rollo especial y una tensión excepcional.
La imaginación paranoica y oscura del escritor inglés consigue crear un mundo y una historia que vendría a ser Alicia en el País de las Maravillas si Lewis Carroll hubiese crecido viendo pelis de Tarantino.


El libro está adobado con grandísimos dibujos de Dave McKean, el ilustrador que daba forma y color a la mayoría de comics de Gaiman (la serie de Sandman) y con quien ya ha sacado dos novelas gráficas y escrito la peli Mirrormask.
Sin duda, los dibujos de McKean le dan una textura especial a la novela ayudándote a imaginarte el mundo tétrico en el que Coraline se está metiendo.
No quiero imaginarme qué pasa por la mente de McKean, pero sus dibujos sí inspiran terror y hacen que te pique todo el cuerpo.
Esta vez no voy a poner spoilers porque en realidad creo que vale la pena invertir tres tardes para descubrir de lo que es capaz Neil Gaiman con un té y un teclado.


Coraline sufre de lo que yo llamo el efecto PGI (Padres Gilipollas e Irresponsables) que prácticamente tratan a su hija como si fuera parte del mobiliario.
Quizá un planta o algún pececillo de colores que necesita algo de comida de vez en cuando y poco más.
La familia de Coraline se acaba de mudar a un gran apartamento de una vieja casa con jardín.
La casa, que en épocas pasadas sostenía una familia bajo su techo, ahora está dividida en dos apartamentos separados por una puerta tapiada y olvidada.
Uno de los días en que sus padres son especialmente apáticos, Coraline se empieza a investigar el nuevo apartamento hasta que encuentra la puerta que separa los apartamentos.
De noche, Coraline oye unos ruidos que provienen del otro lado y una sombra que sobresale de debajo de la puerta...uuuuh!

Un día, Coraline abre la puerta y en vez de ver una pared de ladrillos se encuentra con un apartamento idéntico al suyo, y en el que fascinada por la curiosidad se adentra sin pensarlo dos veces.
Pero como nos estamos imaginando, esta no es una puerta normal, es una puerta que le lleva a un mundo habitado por unas copias de sus padres que la quieren y la miman y con la única diferencia de que tienen botones en vez de ojos.
Es tan sencillo y tan inquietante que parece lo más común del mundo.
Pero hay algo raro en estos padres (los Otros Padres) y ellos intentan que bajo ningún concepto Coraline quiera o pueda volver a su familia verdadera.
Mientras se debate si debe intentar escapar o quedarse con sus nuevos padres, Coraline descubre que hay tres fantasmas que discuten en la oscuridad.
Son los fantasmas de tres niños que cómo Coraline fueron adoptados y retenidos por los Otros Padres, de forma que empieza a desenmascarar la verdadera
realidad en la que está metida.

Ya os digo que no produce un acojone serio, pero vale la pena leer la historia porque es espeluznante y te consigues poner en la piel de Coraline y te planteas si hay otras
dimensiones con seres horribles que desearían poder tenerte para cuidarte...a su manera.
Si no tenéis algo para leer estos días, haceros con una copia, porque no os arrepentiréis.
Es ligerita pero con chicha...cómo los Doritos.

Además, el año que viene se estrena la adaptación al cine en stop motion.
Y siempre quedarás mejor si cuando salgas del cine puedes contarle a todo el mundo que el libro te pareció mejor.
melonian (10-10-07)
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