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Antes de convertirse en el bueno de la peli y pasarse el género de acción, Arnold Schwarchenegger, encarnó a Terminator, un robot cibernético T-800 del Modelo 101 que infundía terror
entre todo aquél que se pusiera entre él y alguien que se llame Sarah Connor.
1984 vio el principio de la saga de Terminator de la mano de James Cameron y aunque muchos dirán lo contrario, para mi es una peli de terror y ciencia ficción en toda regla.
Así como la segunda entrega es de Acción y la tercera son deposiciones de mono, a mi la primera, vista cuando todavía estaba envuelto en un capullo de ternura e inocencia, hizo que me tuviera que cambiar la ropa interior, los pantalones y revestir el sofá.

Hay varios momentos de canguelo puro en Terminator.
El momento en que se clava el bisturí en la cuenca ocular y se arranca el ojo da un mal rollo impresionante.
Ver como se funde Sarah Connor tras Sarah Connor sin inmutarse como si fuese un mero problema de cantidad.
Que hay 15, pues me cargo a las 15. Que son 30, el doble de balas.
La escena de la Comisaría donde retienen a la Connor es de las más legendarias que se recuerda de polis inútiles y un machote invencible.

Además fue la primera vez que vimos el esqueleto metálico, justo cuando pensábamos que habían conseguido acabar con el asesino, el tío se levanta y empieza a caminar a través del fuego.
Salir de un accidente así hace de Terminator un futurible para un anuncio de la DGT donde comente ante la cámara como antes del accidente tenía piel y tejido orgánico.

Precisamente aquí es donde empiezan los Minutos de Acojone que me marcaron.
Se trata de una de las persecuciones más angustiosa que he vivido delante de una televisión, quizá porque era la primera vez que veía un esqueleto robótico asesino, o por esa cara de hijo_de_la_gran_puta al que no le interesa nada más
que matarte.
La persecución dura 10 minutos dentro de una fábrica donde el jodido Terminator avanza poco a poco pero inexorablemente haciéndote saber que no va a parar hasta que haya conseguido que tu corazón tenga la consistencia de las natillas.

Y cuando crees que ya no vas a poder aguantar más, que casi prefieres que mate a la chica y que se acabe la agonía ya, ella va y se mete por el orificio de una máquina aplanadora arrastrándose metro a metro, sollozo a sollozo.

Claro que el sollozo es nuestro, porque Sarah lleva media hora llorando a moco tendido, y sinceramente, no me extraña porque después de hacerle todas
las putadas posibles al Terminator, el muy cabrón sigue detrás de ella con una determinación a terminarla exasperante.
Os juro que llegados a este punto estaba convencido de que la cosa iba a acabar muy mal.

Y justo cuando consigue llegar al otro del agujero y consigue cerrar la reja de la plancha...

Flás!
Un brazo sale a través de las rejas y empieza a estirarse para llegar al cuello de la Connor mientras ella intenta accionar el compresor hidráulico que dejaría planchadito al droide.
Y no sé que da más miedo, el tener sus dedos metálicos rozando tu aorta o usar la palabra "Flás" como si fuera una palabra de verdad.

Pero Sarah consigue apretar el botón y la presa empieza a bajar, bajar y apretar.
Bufff, esto parece que funciona y una manada de rayos empiezan a brotar del espinazo del T800 en lo que parece ser el final de este cabrón tan molesto.

Pero a pesar de eso el brazo del robot sigue aferrado al hombro de Sarah y empiezas a temer lo peor.
Y es que no debería ser posible mantener en vilo al espectador durante tanto tiempo si arriesgarte a alguna parada cardiaca furtiva entre las butacas.

Pero en esos momentos James Cameron decidió acabar con el sufrimiento de Sarah y por consiguiente de los espectadores y el ojillo homicida del Terminator se apaga y nos deja en paz hasta 1991.
El T-1000 tenía una pinta de mala leche encomiable, pero la saga nunca recobraría esa sensación de agobio y terror tenaz que el Chuache y su esqueleto biónico consiguieron imprimir en las páginas de la historia del cine.
Eso sí, la historia ofrece mucha más chicha que un simple thriller de un robot homicida.
La teoría de la paradoja de la predestinación que genera ese viaje en al pasado para afectar un futuro, que no sería el mismo si no se hubiese viajado al pasado en un primer lugar
es algo que se queda en la mente una vez ese ojo se apaga en la pantalla y en tu mente.
melonian (07-10-07)
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