Gritos en el Pasillo

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Hace poco más de un mes tuve la suerte de hacer el viaje más pobre desde que iba al festival de Alemania en el formato bus + camping que consumían un poquito de mi alma y orgullo cada año.
Quizá "suerte" no sea la palabra, pero fue un gran experiencia para apenas 48 horas de tortura física.

Por alguna rara triquiñuela divina, el Espanyol, mi equipo por herencia familiar y del que una vez fui un seguidor devoto, se consiguió meter en la final de la Copa de la UEFA.
Desde hace años, por culpa de mi trabajo de fin de semana, del cambio de estadio, de irme a vivir a Grecia y etc, etc, etc. mi fanatismo futbolero se fue perdiendo y perdiendo hasta llegar a una simple curiosidad por ver cómo van las cosas en la liga.

Pero hace 19 años el Espanyol perdió una final de UEFA que tenía ganada y yo, que era un niño ilusionado y aún no conocía el mundo lo suficiente como para cultivar sentimientos homicidas, me llevé el primer bofetón duro de la vida.
Quizá lloré dos semana seguidas. Lloré tanto que hasta mis clicks de Playmobil construyeron un arca y la fueron llenando de parejas de distintos animales porque la cosa estaba empezando a ponerse fea.

La cuestión es que cuando nos clasificamos, con mi gran amigo Moy decidimos dar el paso y sacarnos la espinita marchando bajo el canto de Valkirias hacia Glasgow para ver la final de la UEFA contra el Sevilla.
Bien puede ser la última final de la UEFA que presenciemos.

Joder, llevo 250 palabras y aún ni he empezado con el viaje! Intentaré resumir. Ya, seguro!


Mi partida hacia Glasgow fue algo rock & bolesca.
En coche hasta el aeropuerto Oslo, de ahí a Londres, encontrarme con Moy (que venía desde Barcelona), pasar la noche en el aeropuerto y a primera hora coger otro vuelo hasta Glasgow.

Pero la putada es que resulta que el aeropuerto de Ryanair en Oslo está a tomar por saco, y justo en dirección contraria de la frontera sueca.

4 horas y media de coche, un poquito de perderme y 15 minutos de ferry después llegaba al aeropuerto de Torp, que está a Torpar por culo.
Lo peor es que apenas había gente. Mi vuelo era el último de todos, y debíamos ser unos 14 matados en el avión.

Nunca había visto un aeropuerto tan desierto y tan triste, con el bar cerrado, con las mesas vacías, salas de espera desiertas excepto por las bolas de barrilla que se llevaba el viento.

Seguro que todos los trabajadores se ponían ropa hawaiiana y se ponían a jugar al limbo a ritmo de samba mientras el resto se da vueltas haciendo una conga encima de las cintas transportadoras de maletas. Fijo.


Para seguir con una bonita tradición esperé tomándome un granizado azul, porque beber cosas azules sólo es superable por comer cosas azules.

Poco después, una voz adormilada nos llama por el altavoz, y juraría que lo hacía con un rintintín raro. Como diciendo "venga iros ya, leche, que tengo sueño".
Me gustaría haberme podido quedar para ver qué cojones hacían una vez nos hubiésemos marchado. Nunca he visto un aeropuerto cerrado, así que me gustaría saber que se hace cuando ya no quedan más vuelos para salir y la próxima llegada no es hasta dentro de 7 horas.


Después de dos fotos y unos 10 parágrafos me planté en Standsted, uno de los aeropuertos minoritarios de Londres y que tiene el tamaño de por lo menos otros 5 aeropuertos minoritarios de Ryanair.
El aeropuerto de Girona necesitaría 7 ampliaciones para llegar al nivel de Standsted.

Nada más llegar a la zona de espera, entre las salidas y las nimfomanas...llegadas, me metí en una de esas tiendas que venden revistas y repostería biogenética a partes iguales y encontré lo que veis arriba.

Sí, 5 minutos en Londres y ya tenía en mis manos una botella de Dr. Pepper y una bolsita de Lays sabor pollo asado.
No me puse a llorar porque en cualquier momento Moy iba a aparecer por las puertas del aeropuerto y no sabría muy bien como explicárselo...

Moy: Tío, qué te pasa?

Yo: Mira, Lays de pollo asado.

Moy: Sí, ya veo, y?

Yo: Pollo asado, es que no lo entiendes? POLLO ASADO!!!...bah, déjalo...

Moy: ...


Para no hacer esto más insoportable, os lo resumiré:

- Pasamos la noche hablando en el aeropuerto.

- Cogemos el avión a Glasgow, luego el bus a Glasgow y luego pateamos en Glasgow.

- Damos vueltitas por la ciudad, llueve constantemente, nos mezclamos con la millonada de gente que viene a ver el partido.

- No encontramos ningún GRAN supermercado, pero de las pequeñas tiendas y colmados encuentro lo que veis arriba.

- El Espanyol hace un grandioso partido y pierde la copa en los penaltis, como hace 19 años.

- Nos cagamos en todo lo que se mueve y hacemos lo que se puede con lo que se está quieto, nos volvemos al aeropuerto, pasamos la noche destrozados y tirados por el aeropuerto con otros grupitos de deshechos humanos.

- Al fin llegan nuestros vuelos y cada uno vuelve a casa después de 48 horas de llevar la misma ropa y de no dormir...grrrr...


Pero yendo a lo importante, os tengo que enseñar las cosas especiales que me encontré, cómo estas otras Lays.

Lima y Especies Tailandesas...Dios.

No estaban tan buenas como las de Pollo Asado (que te harían jurar que te estás comiendo un muslito de pollo), pero aún así vale la pena probarlas para saber que sí, que las Jamón Jamón son tremendas, pero que hay sabores por ahí que consiguen superar su grandeza.


Doritos Chili Heatwave...ya los había probado y siguen decepcionándome. Tienen un regustillo raro que no sé determinar, entre líquido de batería de coche y espuma para limpiar el horno.

Las otras son de una marca muy famosa en Gran Bretaña, que tiene varios sabores, McCoys.
Parece una versión más gruesa que las Ruffles, pero con menos sabor.
Si vuelvo a tener la oportunidad, me compraré 2 de Pollo Asado, antes que volver a comprar otra bolsita de McCoys.


Estas Pringles no tienen su mayor cualidad en el sabor, sino en su tamaño.
Las Pringles edición Hobbit añaden una muesca a favor de la noción de que no todo debe ser grande. A veces pequeño pero juguetón es mejor que grande e inoperable.
Y si no tuviese la sensación que hemos dejado de hablar de snacks rápidos, diría que la rapidez también es una cualidad poco valorada hoy en día. Ejem, sí.

Cada patata debe medir algo menos que una moneda de 2 euros, y sirven perfectamente para cubrirse los ojos mientras se toma el sol.


Para bajar las patatas siempre va bien algo de Coca-Cola, y en este caso ¿qué mejor que probar un sabor totalmente nuevo para mi?

No soy un gran fan de la Coca-Cola Light, porque no soporto el saborcillo del aspartamo que usan para sustituir el azúcar.
Todos los que dicen que sabe igual deberían realizarse un transplante de lengua porque la que tienen actualmente está totalmente muerta.

La Cherry Diet Coke no está del todo mal. Sigue siendo inferior a todas las variantes con azúcar, pero es sin duda la menos asquerosilla de la línea baja en calorías.


Por el León de Sión, tenía muchas esperanzas puestas en este huevo Milkybar relleno con crema de frambuesa.
Pero la verdad, al igual que la integridad mental de los niños de hoy en día, es mucho peor de lo que parece.

Aunque estaba llamado a ser un producto perfecto en todos los sentidos, por forma, color y concepto, la verdad es que el chocolate blanco no acaba de hacer migas con una crema de fruta que bien podría estar hecha a base de chicle masticado y derretido por el sol.

Si os encontráis en la situación de poder comprar un huevo Milkybar, mejor ahorraros el euro que vale y compraros uno de estos...


Un Mars Egg, o en lengua vernácula, un huevo de Mars.
No exagero cuando digo que daría un huevo propio por tener un huevo de huevos mars. Sé que es una redundancia vulgar, pero venga, sabéis que lo tenía a huevo.

Los huevos Mars pesan ehmmm más que un huevo, son macizos y podrías matar palomas con ellos.
Tienen ese peso y tacto que te hacen pensar en que comerte uno te va a saciar hasta el próximo solsticio, sin importar cuanto falta para el próximo solsticio.

Además, el envoltorio negro, rojo y dorado brillante hacen que sea totalmente imposible resistirse a comprar por lo menos 15 y forrarte tus propios testículos con el papel, porque sabes que tatuártelos de negro, rojo y dorado sería un poco extremo.


Pero el envoltorio no es lo mejor.

Mirad eso. Mirad el tamaño de la capa de chocolate, la cantidad de crema de cacahuete, la cantidad de caramelo.

Las gallinas que han conseguido mantener una vida virtuosa y se han plantado en el cielo tras diñarla, ponen estos huevos, constantemente.
El cielo está plagado de huevos de estos, y te los regalan unas ninfas con poca ropita al lado de las fuentes de Coca-Cola. Si no es así, no vale la pena ser bueno en la tierra.

No, en serio, esta es probablemente la mejor chocolatina que he probado en mi vida, junto a los Reeses Buttercups.
Podrías llegar a entender guerras de pequeña escala por hacerse con un paquete de estos huevos.


Como veréis ahora, Escocia es la tierra de Mars.
No sé si pasa lo mismo en el resto de la Gran Bretaña, pero visto lo visto, y he visto un poco, no hay sitio con mayor variedad bajo el sagrado nombre de Mars.

Este muffin es la prueba de que con buena voluntad se puede llegar a la perfección. Basta con un poquito de ganas, una buena marca y pocos gramos de ingredientes perecederos con un elevado nivel calórico.


Y es que estos muffins, o madalenas, infieles íberos, son una delicia.
Exterior de chocolate duro y bueno, bizcocho suavetón, dulce y firme, y que trae en el interior una sorpresa en forma de crema de vainilla que te hace querer cortar el césped del Sr. Mars durante un año, sólo como agradecimiento por esta maravilla.


La otra joya de Mars, que junto a Nessie se esconde en las profundidades escocesas, son los Mars Planets.
No los había visto nunca y me dejaron extasiado. Uno olvida la lluvia, las horas de sueño perdidas y el triste olor corporal propio tras comerse una bolsita de estos.

Y personalmente creo que desde que Plutón dejó de ser un planeta, estos Mars podrían llenar ese vació que ha quedado en el seno de nuestro sistema solar.


Son muy parecidos a los Maltesers que tenemos en España, pero con la diferencia de que cada bolsita contiene un número indefinido de 3 variedades de bolitas de chocolate.

La diferencia, como el sistema planetario local, es el tamaño y el interior.
De mayor a menor tenemos bolas de chocolate rellenas de crema, galleta y caramelo. A cuál más buena.


Y para ir acabando, os dejo con algo que me sorprendió enormemente. Un Brownie de M&M's.

Yo soy un fan de M&M's, pero los brownies en general me dan bastante grima. No es un problema racial, es más bien un aversión a comer pan compacto de chocolate.
Estoy recibiendo tratamiento al respecto.


Y digo que fue una sorpresa porque me encantó.
No podría haberme comido más de 2, porque llena a muerte, pero un brownie con pequeños M&M's pegados encima hacen que mi alma se calme y pueda disfrutar de un brownie sin que el subconsciente empiece a darme por culo, explicándome que si Dios hubiese querido que el pan fuera compacto y de chocolate hubiese dado instrucciones concisas a todos los panaderos de nuestro país.

Me quedé con las ganas de poder ir a un Hipermercado de los grandes y ver qué maravillas tienen los escoceses escondidas, aparte de las que esconden bajo sus faldas.
Quizá en otro momento, quizá en otra galaxia.

melonian (27-06-07)


¿quié-ness-tá ahí?

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