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Ahora que llega el veranito, las casillas del calendario empiezan a pintarse de azul para marcar los viajes, los mini-viajes y las escapadas que vamos a perpetrar de aquí a final de año.
Y eso me hace pensar en los dos últimos viajes que he hecho (sin contar el de la mudanza) y que por circunstancias interplanetarias no pude documentar por aquí.
Putadas de la vida moderna.

Los viajes en concreto fueron un viaje a Milán a principios del pasado Diciembre, sobre el que no pude escribir por que estábamos en medio del Calendario de Adviento y luego el infierno se desató con los exámenes y la mega mudanza...

El otro viaje fue uno muy cortito a Glasgow hace apenas un mes y sobre el que no pude escribir porque he tenido 3 gremlins limpiando mi aura las 24 horas y todavía no han conseguido que huela a algodón de azúcar. Espero que el jueves por la noche ya lo hayan conseguido.


Hoy voy a hablar de nuestra escapada a Milán, un total de 3 días, 2 noches y unos 16 supermercados.

Decir que nos los pasamos "bien" es cómo decir que el Duomo es "bonito".
Un austero "de puta madre" es algo que pone mejor ribete a un viaje corto pero intenso y que nos trajo un premio gordo al poder encontrarnos con Fanshawe que subió desde Bologna hasta Milán y nos acompañó dando vueltas por la ciudad, nos guió por los pasajes oscuros, nos mostró las rutas correctas de las catacumbas, y nos enseñó donde estaba la X. ¿O eso era en Indiana Jones?

En definitiva, conocer a Fanshawe fue una maravilla, un tío divertido y recurrente, que además nos presentó a Giulia, una milanesa autóctona y denominación de origen que nos dejó cenar en su casa, una cena italiana con una italiana y sin tener que matar a nadie para conseguirlo.

Yo: "Mami, le echo de menos."

Mami: "Yo también, cariño."

Yo: "Mami, tú no le conoces."

Mami: "Pero me lo imagino."


Con la velocidad que nos caracteriza, a las 2 horas de bajar del avión ya estábamos en el primer supermercado tomando medidas para ver qué cuántas maletas íbamos a necesitar para llevarnos comida de vuelta a casa.

A simple vista, Italia es el paraíso para todos los fans de la Coca-Cola, y da la casualidad que yo llevo tres años intentando cambiar mi nombre legal a Fan de Coca-Cola Gutiérrez.

Lineales enteros, hasta los topes de botellines de medio litro, estilizados como chicas Playboy, con unas etiquetas adornadas de Navidad. Preciosas.


Stands divertidos y neveras increíbles que me hacían desafiar esa ley que dice que para tener un orgasmo debe intervenir cierta cantidad de roce.

La hegemonía Coca-Colística es incuestionable, lo que hace de Italia uno de mis países favoritos, aunque ya lo era sin ese dato vital.


Pero toda cara tiene su cruz, todo koala...bah, los koalas no tienen puntos negativos.

Pero Italia sí.
Veréis, Italia no tiene Lays, de hecho apenas tiene patatas fritas estilo Lays.
En cualquier otro país, eso sería razón suficiente para que fuese pasto del napalm, pero Italia es un país-museo, así que uno no la puede juzgar simplemente por no tener una cultura patatil arraigada.

Casi todos los snacks de patata son estilo Cheetos, que están bien de vez en cuando, pero seamos honestos, Cheetos son un segundo premio, y la porquería que tienen en Italia no es ni Cheetos, es San Carlo o alguna otra marca paganini que mancha el buen nombre de nuestro tubérculo insigne.



las dos botellas de en medio son del mismo sabor, pero el plástico de la botella es de diferente color, qué bonito es el mundo

Y como buen imperio de la Coca-Cola Company, Fanta se ha hecho fuerte en el país trasalpino y tiene acorraladas al resto de las marcas.

Además, los sabores son de esos que hacen al mundo un sitio oscuro, te llenan de miedo, porque están hechos con frutas que tú no sabías que existían.
Eso acojona hasta el más pintado, porque en una época donde la globalización nos gobierna, es preocupante que en un país vecino hagan refrescos con cítricos de los que nunca había oído hablar.


La Red Emotions está hecha a base de "Naranja Roja", una fruta que no se estila en España pero que yo ya conocía porque en Grecia es una fruta común.

Pero esa Fanta marrón oscuro es la Fanta Chinotto, un refresco más amargo que Rafael, más amargo que un Bitter y no es para menos, pues está hecho a partir de una fruta llamada Chinotto, que no es más que un cítrico con la pinta de una granada en descomposición y que al parecer sólo crece en Italia.



También tienen una Fanta Amara (amarga) que es de naranja, pero que es más amarga de lo normal. No le acabé de encontrar una razón.

La Fanta de Pomelo es otro monstruo que reside en las cuevas más terroríficas de los supermercados italianos.



Correteando por la plaza del Duomo, nos metimos en un bar pequeñito, rozando lo davidelnomiense.
Y había algo raro...algo extraño que no conseguía ver. Algo que se me escapaba, y no era el pipi.

Poco a poco fui descubriendo lo raro de aquél local...



Estaba repleto de latas de Coca-Cola, decoración de Coca-Cola y ehmm Coca-Cola normal y corriente, aunque esto último suele ser normal en cualquier bar.

Extasiado y anonadado, me quedé ahí, boquiabierto sin saber muy bien si abrazar al dueño del bar, ponerme a llorar de emoción o quedarme a vivir en aquel bar durmiendo entre las latas de Coca-Cola antiguas, de otros países, con promociones absurdas, y ediciones especiales...
Todavía se me pone el pelo de punta cuando meo.


A pocos metros de ahí y habiendo superado el flipe del bar, nos metimos en una tienda de chinos.
Ay, cómo echo de menos los chinos. Esas tiendas maravillosas con mil cosas que no sirven para nada, pero que son tan baratas que te tientan constantemente con esas vocecitas que no saben decir la R.

Pero los chinos en Italia no son los auténticos. La mujer hablaba un perfecto italiano con acento chino, cuando todos sabemos que los chinos de verdad no saben hablar nada más que chino. Y si saben hablar otro idioma, hacen ver que no lo saben para parecer más auténticos.

Pués bien, en esta tienda de chinos que hablan italiano me encontré con una bolsita de Tang de Uva. Ya estaba caducado pero eso no me paró a la hora de comprarlo.
Es Tang de Uva, por el amor de Dios. Da igual si está caducado o no.


Lo que veis arriba es una foto llamada "regalitos" y a pesar de que la podría haber llamado así porque hoy es martes, la realidad es que lo he hecho porque eso fue el paquete que nos regaló Fanshawe, cómo bienvenida, a falta de collares hawaianos.

Y suerte que no encontró esos collares, porque así nos compró pasta Garofalo (la mejor que he probado en mi vida), Fantas (la de mango viene de Suiza), chocolates y caramelillos.

El chocolate Bacci, impresionante, los Novipiu son las chocolatinas más bizarras que he probado jamás y creo que todavía tengo trocitos de naranja en algún diente, esos caramelos son bombones de Winnie Pooh, y Fanshawe se comió la mitad durante el viaje, lo cual los hace más entrañables.


Una caja de Twix Top, que son unas tartaletas de Twix que unen los conceptos hasta ahora irreconciliables que son las pastitas de té y un Twix.
Si un Twix tiene demasiado chocolate para ti, Twix Top es lo que estás buscando. Más galleta, menos chocolate y el mismo caramelo que nos camela.


Y no puedo acabar este artículo sin enseñaros esto.
No recuerdo como se llama, pero Fanshawe lo traía envuelto en papel de cera y papel de plata y juraría que le hablaba de vez en cuando.

Ya sé que parece un bizcocho de chocolate predigerido, pero es como una magdalena hipercompacta, muy densa y muy muy rica.

Yo no suelo comer bizcochos y pastas dulces, pero este masa de aspecto repulsivo era impresionante.
No sólo tenía un sabor dulzón y super adictivo, sino que además con un par de mordiscos asimilabas las calorías y alimento suficiente como para sobrevivir dos meses.

Esta cosa te llenaba el estómago de forma silenciosa, y tras el segundo trozo te dabas cuenta que habías cometido un gran error, porque evidentemente ya no podías ingerir nada más hasta el próximo solsticio, pero tu mente te pedía más...y más...y más!!!
No sé muy bien qué llevaba dentro, pero me parece que no quiero saberlo. No sea que me de por intentar hacer uno casero.

En definitiva, el viaje fue una diversión tras otra, disfrutando de una genial compañía, en una ciudad que me encantó y con un montón de comida rara que encontramos. Alguna de esa comida no se trata aquí porque ya hablé de ella en el Calendario de Adviento, de todas maneras, si os interesa, y debería, aquí tenéis otras delicias italianas que encontramos en Milán: Kinder Cioccolato, Panettone con Sorpresa, la decoración de las latas de Coca-Cola y el Mega Huevo Kinder de Tom y Jerry. Que lo disfruten!



melonian (20-06-07)


¿ma que cosa fai?

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