Gritos en el Pasillo

Juan Terranova

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Los Peta Zetas fueron uno de esas chucherías que marcaron mi infancia marcando mis gustos caramelísticos por caminos que desembocarían en serias desviaciones alimenticias y la consecuente creación del primer tracto intestinal radioactivo desde Chernobyl.

Junto con los Clay, los Peta Zetas generaron una cubierta en mi estómago que me protege de cualquier ingesta diabólica.

Algo muy parecido a lo que les pasa a algunos superhéroes, mis superpoderes aparecieron por el abuso de caramelos que tienen más PVC que el traje de Batman.
Ahora no hay comida, por muy nociva que sea, que pueda generar la más mínima anomalía en el caótico funcionamiento de mi sistema digestivo.

Sin embargo, durante los últimos años, el recogimiento y la humildad han sido parte de mi forma de vida, así que ir caminando por ahí mientras tu boca hace ruidos raros y rocambolescos no es lo más recomendable.
Tampoco es recomendable leer la frase anterior si no sabes pronunciar la "r". Aunque llegados a este punto, seguramente tu autoestima no llegará más abajo por una simple frase.

Por lo tanto, mi consumo de Peta Zetas durante los últimos años ha sido, si más no, raquítico.
Hay cosas más nocivas que se pueden consumir sin armar tanto jaleo, así que he tirado de sustitutivos sin sentir ningún efecto simiesco en mi persona.

Pero un día, en una mezcla al 50% de casualidad y 50% de destino, me encontré con esto...


Hace ya muchos meses de ello, pero cuando lo vi tuve que pedirle a varios viandantes que me pellizcaran para saber que no estaba durmiendo.

Tras varios pellizcos tímido y algún que otro estirón a mala leche, me di cuenta que no estaba soñando, en realidad había un paquete de Peta Zetas con una probeta incluida.

Todavía ahora no acabo de entender el porqué del producto.
Hace muchos años que Peta Zetas perdió la condición de "crème de la chucherie", y seguramente que los adolescentes de hoy en día deben preguntarse como coño se fuman, así que un lanzamiento en versión experimento, aparte de hacer que mi vida fuera algo más emocionante durante dos horas, poco más podía conseguir en un público infantil que no conoce el producto y un público adulto que jamás aceptará que le gustaría jugar con una probeta y Peta Zetas.


Pero para una mente como la mía, Peta Zetas Laboratory sólo puede significar un cielo lleno de chasquidos intra-bucales mientras haces ver que estás luchando contra el cáncer o analizando si los microbios que forman tu masa mucosa bailan una conga o no.

Estaremos de acuerdo en que la imagen del niño repelente es un poco irritante, porque cualquier mezcla entre Daniel el Travieso y Goku SuperGuerrer(o) es indeseable, pero justo debajo de Laboratory pone "Haz tu propio experimento con" y más abajo, en letras que no se ven en la foto pone "Peta Zetas + Ingrediente Secreto 1 + Ingrediente Secreto 2".

¿Cómo se supone que puedo resistir a hacer un experimento con Peta Zetas si además hay un ingrediente secreto 1 y 2?

Mi estómago será de acero, pero mi voluntad es débil y por un euro me llevé un paquete que aseguraba media tarde de locura científica sabor a fresa.


Y ahí tenéis el contenido del paquete, con el tubo de ensayo, los dos sobres de Peta Zetas y los sobres con el Ingrediente Secreto 1 y el Ingrediente Secreto 2.

Ni el Quimicefa había conseguido levantar tanta expectación en las neuronas que segregan serotonina.
En ningún lado salía lo que eran los Ingredientes Secretos y porqué uno era el 1 y el otro era el 2.


Las instrucciones eran bastante claras y concisas.

Una vez leído el texto uno saca 3 conclusión:

1 - Puedes realizar el experimento hasta 3 veces con la cantidad de ingredientes que te dan.

2 - Puedes hacer 15 tablas periódicas con los elementos que hay en cada sobre.

3 - Aparentemente no hay nada peligroso en ingerir productos que hacen nubes de humillo lila.


El procedimiento parece sencillo.

Tiras algo de agua en el tubo de ensayo.
Tiras una cucharadita de Peta Zetas dentro. El agua se vuelve roja.
Tiras una cucharadita de Ingrediente Secreto 1 dentro. El agua se vuelve amarilla y unos signos de exclamación aparecen encima de la probeta.
Tiras una cucharadita de Ingrediente Secreto 2 dentro. El agua se vuelve lila.
No haces nada y el agua se vuelve de color rojo y en un punto en el tiempo y sin exclamaciones, una nube sale disparada del tubo de ensayo junto con parte del experimento que decide emanciparse porque no se lleva bien con el Ingrediente Secreto 2.


Preparamos el mini laboratorio portátil sobre una mesa de cristal para evitar dejar marcas sobre la encimera de plástico (recordemos Alien y su problema dejando marcas), y pongo una pantalla de cartón para que los vecinos de enfrente no llamen a la policía si una humareda empieza a tomar mi cocina.

Para los más curiosos, la forma de hacer que aguante la probeta recta es sujetándola con un pegote de Blu-Tack.
Sí, todavía quedamos algunos usuarios de Blu-Tack. Nos hacen ir con una identificación especial por la calle, pero vale la pena.


Aquí empieza lo bueno.
Poner agua en la probeta no ha significado ningún problema y abrir un paquete de Peta Zetas tampoco, pero ahora empiezo a ponerme nervioso y el tema de las fotos empieza a ponerse difícil.

Sólo así se entiende que la mejor foto del interior de un paquete de Peta Zetas sea la porquería que os pongo arriba.

Para los no iniciados en el mundo de la confitería explosiva, esa es la pinta normal y corriente de los Peta Zetas.
Para la gente de fuera (aunque los paquetes están traducidos a 409583095 idiomas), Pop Rocks es el equivalente más conocido.


Y el primer sobre sale directo al tubo de ensayo.

Cómo podéis ver, el agua se está volviendo roja, todavía no hay explosiones y mi presión sanguínea empieza a acelerar.


Claramente el agua se ha vuelto roja, y aunque sólo es posible que me pasara con la cantidad de caramelo, yo voto por haber demostrado uno de los enigmas más importante de principios de los 80, y es que a proporciones iguales, los Peta Zetas no son solubles en agua.
Si os fijáis, se puede ver como hay algo de burbujeo en la superficie del agua. Miedito...


El Ingrediente Secreto 1 es un polvillo muy fino de color blanco que me fue imposible de fotografiar porque no se veía nada, y el tiempo estaba pasando.
No sé cuánto tiempo podía aguantar con el Peta Zetas en el agua, así que después de tres fotos fallidas procedí a tirar medio sobre dentro de la probeta.

Al instante el agua se torna naranja y las piedritas de Peta Zetas se empiezan a deshacer como M&M's en tu boca (y no en tu mano).


Y ahí va el Ingrediente Secreto 2.

Otra vez, este ingrediente es blanco y no se deja fotografiar, y el tiempo apremia (espero que me apremie por dedicarle tanto idem con esto).

Así que lo lanzo y prácticamente al instante la mezcla empieza a crear espumilla, a supurar violentamente y aunque no llega a volver el agua de color lila como dice el procedimiento, parece que la mezcla está decidida a pasarse el procedimiento por los pinreles.

En este punto la excitación y los tembleques se apoderan de mi. En cualquier momento debería aparecer la deflagración derivada del mal rollito entre el Ingrediente Secreto 1 y el Ingrediente Secreto 2.
Sólo espero que el chubasquero, el paraguas y el chaleco antibalas sean suficientes para mantener mi integridad física. Si es que integridad es un adjetivo válido cuando hablamos de mi físico.


Pero la nube nuclear no llega.

El momento álgido es el que veis arriba.
Agua desparramada, mucha espumilla y varias gotas han salido disparadas con rabia, pero poco más.

El único color violeta se puede ver en la parte superior de la espuma, pero de explosiones pocas.

¿Para eso me he vestido así? ¿Para eso he escrito mi testamento y me he comido todas las latas de paté que me quedaban?

Llegados a este punto no supe que hacer. En teoría podía repetir el experimento 3 veces.
Quién sabe. Quizá había puesto demasiados Peta Zetas...quizá sustituir la cucharilla por el ojímetro había sido fatal para el experimento.

Quizá en vez de un tubo de ensayo necesitaba usar un tubo de ahora va la buena.

La cuestión es que con la irresponsabilidad que me caracteriza cometí una locura de la que arrepentí al instante.

Cómo no tuve narices de beberme el experimento con tanta espumilla...cogí el resto de Peta Zetas y me los comí.
Cogí el sobrecito de Ingrediente Secreto 1 y me lo eché a la boca y pa'dentro. Era genialmente ácido. Tan ácido que hace que entrecierres los ojos y encojas las lengua al máximo.
Y luego cogí el sobrecito de Ingrediente Secreto 2 y también me lo eché a la boca.

Ahí es donde me di cuenta que la había cagado. El Ingrediente Secreto 2 tenía una textura y un sabor terroso a más no poder, y con ese sabor estaba muy claro que no pretendía ser ingerido por nadie.
Por alguna razón que no puedo entender me lo tragué y por primera vez en años, me cagué en mis muertos hasta la 5ª generación por haber comido algo tan infernal.

Durante 4 horas estuve con un malestar raro en el estómago que me llegó a acojonar.
No era dolor, no eran contracciones. Era un sentido de estar gestando una nube tóxica en mi tracto intestinal.

Por suerte, con los minutos, tras la tarde con más eructos de mi historia, el malestar se fue y me dejó escribiendo 5000 veces en la libreta la frase: "No comeré cosas potencialmente mortíferas".

No sé, cuanto podré mantener mi promesa.



melonian (20-04-07)


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