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Ahora hace una semana me metía en la cama sabiendo que en pocas horas tendría que decir adiós, meterme en mi coche y conducir rumbo norte hasta que la gente tuviera pinta de salir de un anuncio de IKEA.

Los nervios corroían mi interior sabiendo que la probabilidad y la experiencia decía que mi coche no iba a llegar ni a Francia.
Y la verdad, no llegar a Francia hubiese sido una bendición, porque aún estaría muy cerquita de casa y no habría problema para volver y quemar mi coche en familia.

El problema sería quedarme tirado en Alemania, demasiado lejos para ir al sur o al norte, destinado a dejar que todo mi arsenal de comida española se la comiesen las ardillas bávaras...Ché qué bávaro!


Estos dos viejos amigos fueron los elegidos para hacerme compañía a lo largo del viaje.
2 días encerrado en un coche, sin nadie con quien hablar y con la posibilidad de acabar durmiendo en la estepa danesa durante una semana me pareció necesario dotarme de una compañía más que envidiable dadas las circunstancias. Si supiera quién estaba dando las circunstancias quizá le hubiese preguntado si se estaba cachondeando de mi.


Esta es la bestia que consiguió la hazaña sin dar el más mínimo problema.
Jamás podré agradecerle lo suficiente que no me hiciera mendigar por una autopista francesa con un cartelito que pusiese "Le Champ Vikinge" con el dedo pulgar extendido.

Casi me sabe hasta mal pensar en todas las veces en que me cagué en su junta de culata, en su termostato infernal y el diseño tipical espanish de finales de los 90.
Ahora ya no me importa tener el coche más cutre del país, porque este pequeño monstruo de la locomoción puede arrimarse a un Saab o un Volvo y fardar de que se ha cruzado toda Europa, como dirían los americanos, "de Cabe a Rabe".

El viaje consistió de 2689 kilómetros desde la puerta de la casa de mis padres en Barcelona hasta la puerta de mi nueva casa en Karlstad.
Un total de 22 horas de conducción con 6 paradas si contamos la noche que hice en Hannover y el ferry que me llevo desde Alemania hasta Dinamarca para pasarme por la piedra unos 300 kilómetros de aburrida nada.


La otra compañía fue gracias a la radio.

Veréis, hace dos meses algún desgraciado rompió la ventana de mi coche, arrancó literalmente la radio que tiene el valor de unos 10 chicles boomer y ni siquiera se llevó los cables adaptadores para que funcione.
Sólo poner una ventana nueva ya me costó más que la radio, y hasta pocos días antes de mudarme ni siquiera me compré una.

En Media Markt y por 89 euros me compré la que veis, una radio Denver, marca mundialmente conocida por hacer ciudades americanas, aunque nadie sabía que también hacían radios.
La cuestión es que la elegí porque a) era barata, b) era negra y c) tiene reproductor de mp3 vía USB y lector de tarjetas SD.

Así que en todo el viaje pude escuchar 280 canciones sin necesidad de cambiar esa tarjetita SD que sale en la foto.
Si estáis pensando en compraros una radio, tirad por ahí, porque es impresionante. Se acabó lo de grabar cds...una tarjetita de dos gigas y del tamaño de un sello y tienes más de 24 horas seguidas de música.


Cómo ya conté en el blog, llegué el martes por la noche, destrozado y con ganas de estar lo más horizontal posible, dejé para mañana lo que ciertamente no podía hacer hoy.

Así que al día siguiente me dediqué a sacar todas las cosas que llenaban hasta los topes el coche.
Si no hice 10 viajes, no hice ni uno.

Visto en reflexivo ¿cómo se puede meter tanta cosa en un Seat Ibiza?
La lógica dice que es imposible, pero me pegué un Tetris impresionante para encajar todas las piezas de manera que no explotara la mercancía el tiempo suficiente como para cerrar el maletero.

Ropa, juguetes, comida y otras cosillas estaban tiradas en el recibidor de mi nuevo hogar, mirándome con cara de "y ahora qué?".


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Tan sólo como referente para las próximas generaciones, pensé que valía la pena documentar toda la comida que me llevé a Suecia para paliar la enorme morriña que me iba a invadir durante los primeros meses.
Si tengo que echar de menos a mi familia y a Carrefour, siempre será mejor hacerlo con un bocata de paté La Piara Picante entre las manos.

Por supuesto me hubiese llevado más cosas, seguro que echaré de menos otros productos, pero cuando compré todo esto no sabía cuánto me cabría en el coche, no sabía si podría llevármelo todo o tendría que dejar la mitad, así que fue un momento duro donde las cajeras de Carrefour y Mercadona hacían la conga para animarme a coger un paquete de kikos más.

En la segunda parte de este artículo vamos a ver más a fondo todo lo que me llevé y que ahora espera ese momento dorado en que valga la pena gastar mi tan especial alijo de comida española tumbado en la despensa.


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