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Ante todo, tengo que decir que yo tenía una deuda con Atenas.
En los últimos 4 años he viajado a la capital helena como unas 9 veces y viví todo un añito. Supongo que el hecho de tener toda esa exhuberancia alimenticia tan a mano me hizo darla por sentado, como algo normal que hay explotar, algo así como la proximidad de Perpignan o el eMule.

Familia, recuerdos y Nesquik de fresa siempre me esperan cuando nos vamos a pasar unos días a nuestra segunda casa.
Por lo tanto, esta vez no podía dejar de escribir un artículo con algunas de las cosas que se pueden encontrar por los supermercados griegos y un poco sobre el viaje en general. Agárrense, que vienen curvas.

Para los que no han tenido la suerte de visitarla, hay que decir que Atenas es la Capital Mundial del Caos.
Eso sí, es un Caos en equilibrio.
De algún modo dentro de el Caos la ciudad sigue adelante y se mantiene sin venirse abajo y sin que la gente se maten los unos a los otros.
Es como Menzoberranzan pero en la superficie.

De hecho, estoy convencido que en algún lugar oculto, los responsables de la ciudad tienen a un montón de sacerdotisas que se pasan el día degollando carneros y cabras como ofrenda a los Dioses del Caos para conseguir una armonía de tan fino calibre.

Dicho esto, empecemos con el viaje, que este va a volver a ser uno de esos artículos interminables donde tengo que reponer las teclas a mitad de artículo por desgaste.

A pesar de que el Koala de los lavabos aeroportuarios de los últimos viajes había sido como un talismán para mi, hay que considerar que la visión del koala bendito no me acabó de convencer.
A ver, ahora que sé que está en el aeropuerto del Barcelona, ya no me vale como amuleto de la suerte, así que me tuve que esperar a algún augurio decente para iniciar el viaje.

Si Roma se creó gracias a un grupajo de ocas al vuelo, no veo porqué yo no puedo hacer lo mismo para decidir la fortuna de mi futuro inmediato.
Sin embargo, sin encontrar otra señal mas que la de embarque, tuvimos que montarnos en el autobús que nos llevaba al avión con un viaje incierto delante de nosotros...


foto desde la escalerilla del avión, con nuestras maletas por los suelos
Así que cuando vimos que el furgón que lleva las maletas al avión iba dejando un reguero de maletas a lo largo de su recorrido, empezamos a tener la sensación de que este no iba a ser el mejor de los viajes.
Que Zeus nos pille confesados.

Para quitaros el gusanillo os voy a contar que en efecto el viaje no fue el mejor del mundo.
Prácticamente nos dedicamos íntegramente a ver a la familia y a renovar el DNI y el pasaporte de mi novia. Trámites que nos comieron prácticamente dos días enteros con esperas inexplicables, fotos inservibles y deseos de poder quemar a algún que otro funcionario y decirle mientras pide piedad que no le puedo sellar el formulario de PIEDAD porque todavía no lo ha firmado el interventor de la mesa 4, gracias y buenas tardes.

Tampoco pudimos ir de viaje por ahí por falta de tiempo, así que, con nuestras vacaciones agotadas en Finlandia, nos dedicamos a descansar lo que pudimos y ver episodios de House.
Ahora, vamos a la comida y a la injusticia que se está gestando en el comercio de guarrerías en España...
Vean y tírense de los pelos!


Lo primero es lo primero, y lo primero que vimos en el primer supermercado al que fuimos a por provisiones para la semana fue esto.
KitKats de chocolate blanco y de crema de cacahuete a la venta en unidades sueltas por 47 céntimos de euro.

Si leísteis la reseña del artículo de Finlandia veríais que encontré en el aeropuerto un pack especial de KitKats donde se vendían precisamente esos sabores, por 3,70 euros.
Siempre es divertido ver que te has dejado la pasta en un pack que por separado te hubiera costado bastante más barato y que me hubiera podido comprar solamente los kitkats que yo quería, que eran los de crema de cacahuete.
Tengo que empezar a contratar espías en todos los países para estar al tanto de estas cosas.


Otra de las diferencias es este impresionante display de regalos que vienen en los packs de los mejores snacks que hay en el mercado.

Txix, Mars, M&M's, etc...casi todos ofrecen unos packs donde por un poquito más te puedes llevar una mochila bandolera, una archivador de cd's o una agenda con los colores y el logo de tu snack favorito.

Por suerte habían un montón, y como siempre me pasa, cuando hay un montón de productos especiales y ninguno es superior al otro, suelo ofuscarme y acabo por no comprar nada porque no sé cual escoger.
Un porta-cd's de M&M's hubiera sido la bomba, pero no menos que una bandolera de Twix o una agenda de Mars.

Como siempre, aquí no he visto ni uno de esos packs con regalo. Y luego me preguntan porqué compro tantas guarradas cada vez que salgo al extranjero!!!


También tenían los botes de Frosting americano que me costó una pasta en una tienda de comida americana. Oh, sí, en Atenas en prácticamente cualquier supermercado puedes encontrar material de este como si fuera lo más normal del mundo.
Otra vez, ver que algo que te cuesta horrores conseguir en España es de fácil consumo unos cuantos kilómetros "más pa'yá" es algo que me jode en extremo. ¿Qué han hecho los griegos para merecer tal honor? Quiero decir, ¿aparte de fomentar la cultura, ser pioneros en los modelos de pensamientos actuales y fomentar la homosexualidad y la pederastia?
Betty Crocker ni siquiera es nombre de tío...no lo entiendo.


Otro portento de los supermercados griegos es el café. Cafés de todos los sabores imaginables y un par o tres que no podríamos ni imaginar.
Así como el de arriba, café con sabor a Toblerone.

En mi caso, el café es la única sustancia conocida que me produce dolor de estómago. Eso y la noción de que los que gustan del café suelen desarrollar un tipo de adicción matinal para despejarse hace que yo pase totalmente del café. Eso no quita, sin embargo, que las cajas y cajas de café que se encuentra en Atenas sean un regalo para los ojos incluso para alguien a quién no le gusta el café.


haz click para ver + grande

Para los que han estado en Atenas en alguna ocasión les habrá llamado la atención la proliferación de quioscos descomunales por todas partes. Cuanto más importante es la avenida, mayor número de quioscos hay. Yo he llegado a ver hasta 8 en la misma manzana.

Como podéis ver en la foto, estos quioscos hacen la función de minisupermercado de emergencia al alcance de todos a todas horas en todos los lugares. Desde revistas, chicles, patatas, hasta helados, bebidas, yogures, juguetes, cinturones, bolsos y cualquier cosa que se te pueda ocurrir.
Por supuesto la oferta de estos quioscos varía, pero he llegado a ver quioscos que venden gafas de sol, espuma de afeitar y banderas nacionales.


Casi todos tienen un par de neveras y un congelador, y como podéis ver ahí arriba, la variedad no tiene nada que envidiar a un colmado de barrio. Ahí podéis ver los refrescos, agua, cervezas, zumos, bebidas energéticas, batidos, yogures, leche, sandwiches...
De ahí que la gente no se preocupe de salir de casa con todo lo "indispensable" para pasar el día, siempre tienes un millar de minisupermercados para suplirte con todas las provisiones que puedas necesitar.


Y los juguetes no suelen ser una mierda, no. Te puedes encontrar desde pegatinas de coleccionista hasta estos mega muñecos de Spiderman.
Es impresionante ver como un local de dimensiones tan diminutas y que se planta en medio de la calle pueda llegar a ofrecer tanta variedad.

Aunque lo más raro es que están extendidos por todas partes, amontonados o dispersos, pegados los unos a los otros o aislados en medio de una carretera desierta, pero cubriendo casi toda la geografía posible dentro de las fronteras helenas.


Pero los "peripteros" (los quioscos) no son la única fuente de avituallamiento peatonal que hay.
En muchos sitios, aunque menos numerosos y frecuentes que los quioscos, hay puestos de comida vendiendo productos a granel.
Aquí la diversidad también es amplia pero se restringe a productos más naturales, como frutos secos, fruta variada, roscas de pan o mazorcas de maíz tostadas.

Suelen situarse en las avenidas más transitadas, salidas de tren o metro o sitios turísticos. No suelen ser muy caros, aunque higiénicamente dejan mucho que desear.
Eso sí, cuando estás acostumbrado a ir comprando tu comida a lo largo del día de puestos como estos, dejas de preocuparte de los microbios y empiezas a preocuparte por tu apetito.

Os puedo prometer que vivir sabiendo que en cualquier momento puedes comprar cualquier cosa es un alivio. Nunca te preocupas si tendrás hambre, si tendrás sed, si necesitarás jugar con Spiderman.
Simplemente sabes que tendrás algún quiosco cerca en caso de necesidad.


Ahora bien, lo que sí vale la pena es el Pizza Hut de el Pireo.
Los Pizza Hut griegos son la bomba, y el de arriba es el mejor que he visto en mi vida.

En nuestro país, los locales de la cadena americana quedan relegados a simples tugurios de mala muerte donde el objetivo de negocio es actuar como fast-food y ante todo el servicio a domicilio.
En los pocos Pizza Hut de España en que puedes sentarte plácidamente a comer, las mesas suelen estar pegajosas y casi siempre tienes que comer directamente de la caja.


Yo no tengo ningún problema en comer pizza directamente de la caja, pero cuando el concepto se cambia de Fast-Food a Restaurante, la mejora es tan tangible como una morcilla de Burgos.
Platos de diseño, tenedores, ensaladas estrafalarias y una carta enorme tanto de pizzas como de pasta, panes de ajo y todo lo que os podáis imaginar en un Pizza Hut.


Cada año que vamos a Atenas, siempre es visita obligada porque a parte de la calidad de las pizzas y del molonguería del local (que parece un restaurante pijo japonés), siempre tienen algo nuevo.
En esta ocasión tenían pizzas del mundo, a poder elegir entre la Alemana, la Americana, Tailandesa y la Española.
Además tenían una oferta de servicio a domicilio en la que, por dos medianas, si le añadías un euro, te regalaban 3 litros de Coca-Cola...aquí te regalan 1 litro de Pepsi y ya creen que te están salvando la vida.


Pero ahí no se acaba la cosa, en este el Pizza Hut de Homero puedes pedir 6 tipos de masa diferente: Pan Pizza, Thin Crust, Classic, Cheesy Crust y las que veis arriba.

Si amigos, una masa donde los bordes están rellenos de Philadelphia (si alguien hace la coña de Piladelpia juro que le arrancaré el corazón con un corta pizzas) y otra donde el borde está relleno de salchicha.

Philadelphia Crust y Sausage Crust. La idea es tan maravillosa que no tuve huevos de pedirla. Es tan genial que no quise pedirla no fuera que no estuviese buena y manchase la perfección inmaculada de la imagen formada en mi mente.


Y he aquí mi pizza. Habéis visto una así de tremenda por aquí??? Si lo habéis visto, sois gente con suerte, porque el 90% de pizzerías de este país siguen considerándose a sí mismas como comida rápida y por lo tanto les da igual si la calidad tiene el mismo honor que Paris Hilton. Os lo digo yo que sé de qué hablo.

En fin, la mía fue una Española con ciertos cambios de ingredientes. Estaba deliciosa...snif!

Como siempre me estoy colgando...en la segunda parte de este artículo podréis ver lo que me compré en el viaje aunque intentaré ir a paso ligero porque se ha hecho muy muy tarde.



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