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Los que me conocen suelen estar de acuerdo en que nací con una flor en el culo. Oh, sí, ese tipo de flores existen.

Así que cuando me tocó un viaje para una persona a una capital escandinava de mi elección me pareció tener mucha suerte.
Cuando al pedir los pasajes para Helsinki para mi y para mi novia nos dieron los dos billetes sin tener que pagar un duro me pareció que el mundo me acaba de guiñar un ojo en complicidad.
Cuando me enteré de que la Lordi Cola salía el día 4 de septiembre, sólo para Finlandia, y precisamente en esa fecha estaríamos en Helsinki noté como 16 ángeles me daban palmaditas en la espaldad.
Pero después de pasármelo TAN absolutamente bien no puedo sino dar la razón a todos aquellos que piensan que no hay otra explicación para mi suerte que una excavación botánica al final de mi tracto intestinal.

Hice 469 fotos. De ellas una parte más mínima consiste en comida, así que para no hacer este artículo super-mega-enorme, voy a limitarme a comentar las fotos de comida, y dejar para otro día las explicaciones implícitas del viaje.


El viaje no pudo comenzar mejor. Otra vez un cambiador de bebés en el lavabo de caballeros con un dibujo de un koala, muy parecido al que había en el aeropuerto de Girona que vi en el viaje a Suecia del febrero pasado.
Un koala en un lavabo de caballeros no puede ser mejor presagio...


Me encantan los aeropuertos. No hay nada en ellos, excepto los trabajadores de Iberia que no me gusten.
Lo mejor de todo es corretear por las tiendas de comida sintiendo ese picor en las mejillas a medida que vas viendo los juguetes que vienen con tus snacks favoritos.

Por suerte, hay tantos cachivaches juntos que nunca acabas por comprarte uno.
Si tuviesen sólo uno, como ese videojuego de m&m's, no hubiera podido resistir la tentación. Pero como hay tantos, no puedo elegir sólo uno, así que estoy a salvo.


En una de las tiendas encontré la primera compra obligatoria. Un pack de 6 KitKats chunky (los KitKats grandes), dos normales, dos de chocolate blanco y otro relleno de Crema de Cacahuete.
Aparentemente es una edición de viaje y sólo se encuentra en los aeropuertos. Aquí vale 3,70 y en el aeropuerto de Dinamarca valía 4,50...así que si vais a hacer un viaje, arrasad con la terminal autóctona y catad la chocolatina llamada a acabar con la falsa creencia de que el chocolate y lo salado no pegan del todo bien.


Al salir de España hay algo que uno no puede dejar de notar. Parece que uno nunca acaba de marcharse. Las tierras extranjeras están plagadas de bares de tapas, restaurantes mediterráneos o simplemente stands que venden paella por 5 euros en plena calle.
El Scandinavian Tapas Bar está en pleno aeropuerto de Estocolmo (donde hicimos trasbordo), el resto están en Helsinki a excepción de ese restaurante con la bandera en la puerta...ese está en medio de Tallin, capital de Estonia para los que no aún no tienen la enciclopedia actualizada.


Durante la escasa hora que tuvimos de trasbordo en Estocolmo tuve que atacar las tiendas de comida y acabé con una Coca-Cola de Lima, un mix de frutos secos que incluían cacahuetes, palitos salados una especie de palomitas de maíz machacadas y cubiertas con miel que por poco hacen que dejara mi estilo de vida, acampara en el aeropuerto y viviera haciendo ver que soy una ardilla comiendo frutos secos hasta morir de malnutrición.



Por fin llegamos a Helsinki.

Sinceramente, nunca en mi vida había visto tantos árboles interurbanos.
Si alguna vez existieron los druidas, dejan de parecer ridículos una vez la capital finlandesa.
Y es que con una vegetación así, o bien tienes alguien que pueda hablar con los árboles o estás jodido.

Personalmente estaría acojonado de vivir rodeado de tanto árbol. Si hay algún sitio de la tierra donde podrían haber Ents, este sitio es Finlandia.

Lo único que me decepcionó un poco fue la visita obligada al supermercado.
Como siempre, después de dejar las maletas en el hotel, nos vamos directos al primer supermercado que encontremos para ver cosas raras y comprar la cena.

Mi primera cena recluido en el hotel fue lo que veis arriba. Una Dr.Pepper (que me encanta), cacahuetes picantes, unos bollitos, unos palitos sabor a queso y mostaza.


Finlandia no tiene Lays, Finlandia no tiene Doritos, Finlandia no tiene Coca-Colas raras.
Eso sí, tiene refrescos de los pitufos, que si lo entendimos bien, da igual el color de las tapas, todos saben invariablemente a pera.
No era un superfan de los Pitufos, pero no estoy seguro de que fueran unos pitufienfermos de las pitufiperas...


Y aunque la falta de Doritos es algo que no se puede perdonar, hay que decir que en tema de galletas nos pegan mil patadas.

Sabores, colores, texturas e ingredientes infinitas en lo que parece la competición por hacer las galletas más raras del planeta sin llegar al extremo de añadir salmón a la mezcla.

Estuve a punto de comprarme las que veis arriba, pero estaba muy claro que son galletas de uso femenino exclusivamente.


Tampoco tienen Oreos ni Chips Ahoy, pero la población parece sobrevivir sin ellas. No me lo explico.

Aunque viendo estas galletas, una copia de Oreos de LU rellenas de crema de menta me ayuda a entender que los finlandeses viven con unas reglas diferentes a la nuestras.
Poco a poco la falta de ciertas marcas va pareciendo menos importante si tienes sustitutivos como los que veíamos en las estanterías del super.


Y es que los finlandeses son una raza claramente superior.
Nuestras pintadas nacionales suelen ser del patrón "A quiere a B" donde normalmente la variable A = Jonatan y la variable B = Jessi.

Allí la pocas pintadas que encuentras son de este estilo. Filosofía pura que hace años acogí como propia basando mi existencia en consumir ante la inminente llegada del Apocalipsis.
Si el fin del mundo tiene que llegar, al menos que nos pille con las barrigas llenas.


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Al día siguiente nos fuimos a Behnford's, una tienda de comida Americana y Británica que está en Helsinki.
Sabíamos de antemano la dirección, así que era cita obligatoria en nuestro peregrinaje por las tierras norteñas.

La variedad no era nada del otro mundo, con una mayoría de productos británicos (que no americanos), pero lo suficiente como para pillarnos lo que veis arriba.

- Dos cajas de PopTarts (reservado el tema de poptarts para otro artículo).
- Una caja de palomitas sabor cheddar blanco. He probado las de cheddar normal y no son nada del otro mundo, eso sí, soy un racista alimenticio, y todo lo que sea de un color raro me atrae...ya veremos qué tal están.
- Varias Walkers (las Lays británicas...que también tendrán un artículo aparte).
- Una paquetito de M&M's de almendra y varias chocosudamericanas (no me gusta llamarlas chocolatinas).
- Dr.Pepper, Cherry Coke, 7up de cereza y un increíble refresco de Ben Shaws con sabor a "Cream" que en realidad sabe increíblemente a caramelo.

Impresionante, pero siempre es mucho mejor la tienda de comida americana que vimos en el primer viaje a Suecia o la tienda de comida americana The American Store de Madrid.


Pero no es todo comida y árboles en Helsinki.
Echadle un vistazo a este Harry Potter y serpiente incluida hechos con piezas microscópicas de Lego que tenían en una simple tienda de juguetes.
Ni siquiera era una supertienda estilo Toys'R'Us, era una simple tienda de juguetes con un escaparate digno de un Corte Inglés de capital de provincia.


O mirad este peluche de koala. Obviamente, no está dotado de la mala leche de mi Sr. Koala, pero el muñeco mola un huevo.
En otra tienda vi uno todavía más impresionante y mi novia me contuvo porque mi tarjeta de crédito sacaba humo...lástima que la foto no saliera del todo bien, entre las lágrimas y la falta de iluminación.



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