
Cuando eres un niño de unos doce años, tu vida oscila entre la adolescencia y la infancia, entre tus muñecos articulados Gi-Joe y el misterioso desarrollo del pecho de algunas de tus compañeras, a las que ya no deseas tirar del pelo por algún motivo que tampoco alcanzas a comprender. Algunos niños empiezan a fumar y dejan de jugar a las canicas o a la peste alta, y tu no dejas de preguntarte: ¡¡¿Por qué?!! ¡¡Yo amo la peste alta!!
Todo se torna más complicado, aunque siempre podías refugiarte en el mundo de los videojuegos, un oasis en medio de tu viaje de transición hacia la madurez, el mundo laboral, las hipotecas y una esposa que te honra con cinco churumbeles, tres de los cuales son de su anterior matrimonio y uno de los otros dos es negro, aunque ella asegura que es debido a que ingeriste demasiado Colacao el día en que lo engendraste.
 "Posando para la promo"
Y aquí es donde un retaco rubio de doce años descubría el maravilloso mundo de las máquinas recreativas, dónde más peligros acechaban y tus reflejos se ponían a prueba. En ocasiones vislumbrabas una máquina recreativa en algún bar, y mirando a través del cristal contemplabas extasiado cómo Ryu y Blanka se daban de hostias, así que te decidías a entrar. En este punto podían suceder dos cosas:
1) Entras en un bar moderno, dónde sus parroquianos son básicamente parejitas y te atiende una amable señora cuando le pides una coca-cola para tí y otra para Ryu, por si tiene sed a mitad de combate.
 "Posando para la promo"
2) El lugar es lúgubre y crees que pagan la mitad de su factura de la luz, ya que parece iluminar la mitad que en cualquier otro lugar del universo, y hay algunas zonas oscuras en las que no quieres imaginar cuántos apéndices viscosos tendrán las ratas mutantes que se agazapan allí. En este caso, algunos hombres mayores con pinta de marinero y ojos enrojecidos te tiran cacahuetes mientras apuran pequeños vasos de vino, obligándote a esquivar a Chun-Li y a los cacahuetes mientras deseas fervorosamente que Mr. Bison haga una excepción y aparezca en el siguiente combate para poder darle una curra y salir de allí cuanto antes.
 "Uno de los poderes del Capitán era la electricidad. Esto impresionaba."
El videojuego del que hablamos hoy me marcó para siempre. Captain Commando, un juego al estilo Double Dragon, en el que podías escoger a tres luchadores para enfrentarte a una horda de enemigos y malos finales. ¿Qué tenía de particular? ¿Qué es lo que me obligaba a esquivar los cacahuetes de aquellos hombres de dudosa heterosexualidad? Fácil: el fascinante modo de morir de los enemigos.
De normal ya me gustaban este tipo de juegos, pero ver cómo podías cortar en dos a tu adversario, o fundirlo en llamas, es un espectáculo digno del paladar más exquisito, es la sexta temporada de Futurama hecha realidad, el deseo que todos querríamos ver cumplido. Al menos lo era en aquella época.
 "Los cuatro luchadores jugando a la vez."
Pero es que este juego tenía multitud de pequeños adminículos que lo hacían brillar por encima del resto de juegos de "lucha-avanzando-palante". Tu podías escoger a Ginzu, el ninja, y mientras ibas repartiendo leches te podías encontrar un bazoka. ¡¡Y lo usas!! Siempre me sentí muy frustrado cuando jugabas a un juego, localizabas un arma potencial en la pantalla (como un tanque, un abogado o una farola, cualquier cosa susceptible de ser usada contra otros seres vivientes) y no podías utilizarla porque era parte del decorado. Te hacía recordar que por mucho que lo desearas, nunca serías un ninja.
Con Ginzu podías cortar en dos a tu adversario cuando le dabas el toque de gracia (el más gracioso). Capitán Comando podía incendiar el cuerpo de sus enemigos, o electrificarlos, como el machote que es. Los otros dos personajes no me gustaban demasiado, la momia hacía como una especie de remolino extraño que me resultaba poco viril (notad que su nombre en Japón era Jenetty, así que presumimos que era la momia de algún travesti cabreado que luchaba en el juego por motivos desconocidos) y el bebé encima del robot... no tiene credibilidad.
Debido a la subida del precio de las mandarinas en Estonia, el juego alcanzó cierta popularidad e incluso apareció merchandising entorno al fenómeno:
 "Mezclar a Venom con Capitán Comando es como añadirle Cola-Cao a la Fanta de melón."
Seguramente no os hemos descubierto nada nuevo con éste artículo, y todos hayáis jugado alguna vez a Captain Commando, pero confiamos en haber abierto una brecha de nostalgia en vuestros corazones. Y si jamás has jugado a Captain Commando... ¿a qué esperas? Los emuladores son bonitos. :)

|ngenius (No Elephants Allowed) (28-06-05)
-> Electrifica o incendia el MELONBLOG!!! <-
|