
Quicky es uno de los pocos héroes que me han acompañado durante toda mi vida.
De hecho sólo Darth Vader y Quicky son los únicos que han estado en mi vida desde que tengo memoria.
Los Gi-Joe, los Transformes y el fútbol se quedaron por el camino como pequeños monolitos de mi niñez y los adoro por ello. La coca-cola, los doritos, Futurama y Pratchett llegaron más tarde dándome más satisfacción y paz interna que cualquier método de yoga puede conseguir jamás.
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Pero Quicky no. Quicky estaba allí desde el principio, dándole el sabor a la leche que yo me tomaba cada día. Es más, estoy convencido de que si un día deja de existir el Nesquick, entonces se acabará el mundo, sin importar el número de papas que tengamos.
Supongo que darle las gracias a mi madre y a las campañas de publicidad abusiva. O quizá a los mismos creadores de "Quick" (así se llamaba entonces cuando Nestlé todavía no había comprado la marca) por hacerlo tan irresistiblemente bueno.
Bueno, estaba allí y está, porque mi pequeño ritual diario sigue imperturbable día a día desde que dejé el biberón y tiene pinta de que va a durar mucho, mucho tiempo!

En este artículo dejaremos de lado las monstruosa cantidad de productos que Nestlé ha creado a base de Nesquick para las nuevas generaciones. La horda de cereales, barras de chocolate, galletas, siropes, yogures, helados, caramelos, chocolatinas, etc. que campan por nuestros supermercado bajo del sagrado nombre de Nesquick no son más que un último esfuerzo para
conseguir hasta el último céntimo de las madres que tienen que hacer caso de sus horribles retacos que a poder elegir, quieren el yogur con el conejito marrón. Me parece perfecto que existan, como me parece perfecto que existan tablas de plástico para doblar la ropa, pero no es algo sobre lo que alguien pueda crear su propia religión. Al menos con gente con cierto equilibrio mental.
En cambio, el Nesquick de verdad, los polvos para leche...
Vaya, siempre pensé que escribir en una frase "polvos" y "leche" tenía de por sí ganado una cita con la censura y de forma más póstuma con el infierno. Nunca pensé que conejitos estuvieran involucrados. Bueno. Estooo. Continuemos.
 Esta lata de "Quick" de Vainilla es de principios de los 90. Ahora contienen canicas!
Mi dosis diaria de Quick se basaba en pequeñas y homogéneas cucharadas de Quick de vainilla y de fresa con metódicas rotaciones entre un sabor y otro.
Mi madre, como buena madre, era una profesional de hacer que siempre bebiera Quick de vainilla o de fresa las mismas veces al mes, pero lo hacía de un modo en el que yo nunca sabía que leches (nunca mejor dicho) iba a tomar cada mañana.
Me despertaba, reñía concienzudamente a mi peluche de R2D2 por haberse caído de la cama, otra vez, durante la noche y me iba a la cocina donde me esperaba un enorme vaso de leche con Quick.
Ah, la vida era sencilla entonces. Hoy tengo que hacerme el dormido para que cuando mi novia está en la cocina pedirle que me haga mi leche con Nesquick. Pero ella es buena y me mima. Así que me prepara la leche con Nesquick sin rechistar. A cambio yo le compro cosas de Hello Kitty sin hacer comentarios sobre lo poco higiénico que es ser una gatita y llevar puesto un lacito en el pelo durante tantos años.
Pero luego volví del paraíso alimenticio que era México y llegué a este país, donde se creía que poder elegir entre Nesquick de chocolate o ColaCao de chocolate ya era un GRAN paso para civilización.
Lo triste es que el tiempo ha dado la razón a las empresas por no ampliar la variedad de sus productos, porque grandes productos vieron su la luz en España para ser retirados del mercado poco después, como los Froot Loops o la Cherry Coke.
Durante ese primer año de vuelta a la patria, lo probé todo. Granadina, Grosella, Azúcar, Sales de Baño...pero nada era parecido a Quick.
La grosella líquida hizo de parche durante más de un año, donde me vi obligado a apartar de mi dieta al pobre Quick. Es el un único año que no bebí leche con Quick y me he disculpado públicamente numerosas veces. No volverá a pasar. Lo juro.
El problema estaba en que cada vez que explicaba que me ponía grosella en la leche la gente me miraba de forma rara, me señalaban con el dedo y me perseguían para purificar mi alma con palos grandes y pesados en el patio del cole. Así que decidí probar el Nesquick de chocolate.
Por todos es sabido que no soy un amante a muerte del chocolate. Pero es mejor que el azúcar y es mejor que una paliza semanal y las consecuentes risas de las niñas por la curiosa forma que tengo de sangrar.
Valía la pena probar. Pero uno sabe que ha tocado fondo cuando se mezcla la leche lo que está diseñado para mezclar con vodka, así que volví a mi hogar nesquickereño.
Me costó adaptarme, pero el Nesquick de Chocolate no estaba tan mal y era definitivamente mejor que el Cola Cao, con el que necesitabas un mínimo de media hora para preparar y un diámetro de tráquea considerable para poder tragar los grumos que generaba.
Sé que el ColaCao es la versión nacional, así que tendría que haberlo intentado. Pero cuando ves que hay gente como Alby o Light Artisan que necesitan manuales de instrucciones (en especial la forma de preparar ColaCao con un tenedor es aterrador, que además de hacer la rima, da grima), entonces te empiezas
a preguntar sobre hasta cuanto puedes dar por tu patria. Y en el caso de un servidor es bastante poco.
Al poco tiempo retomé la senda del Quick, que ahora ya se llamaba Nesquick. Pedí perdón a Quick por el año de dudas existenciales y continué mi camino hacia la paz interior a base de leche chocolateada.
Siempre eché de menos el Quick de vainilla y de fresa, pero uno tiene que sobrevivir con lo que tiene.
Y así han pasado los años, hasta hace poco.
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En Grecia, mi segundo país (que ganó ese título a México en el campeonato de "segundas patrias" por K.O. sentimental), se ha empezado a comercializar el Nesquick de Fresa.
Mi contacto con la cultura helénica ha hecho que me ganara un bonito set botes de Nesquick de Fraoula como diría Platón, para poder revivir los años dorados de mis desayunos lácticos. Un montón de botes de 250 gramos que contienen el polvo de la eterna felicidad. No, no es ese tipo de polvo (ninguno de los dos). Es un polvo rosa que huele a fresa y que trae consigo la prosilla, digo, la promesa de una vida mejor,
si al menos no en el mundo material, sí en el mundo de las ideas, donde revoloteamos felizmente de nube en nube jugueteando con koalas y copulando con ninfas haladas.

No, en serio, como definiros el sabor y sobre todo el olor que el Nesquick de fresa desprende y que vosotros lo creáis. Simplemente no puedo. No quedan palabras. En mi diccionario más que "fanega" y no sé ni lo que es.

Hay algo inherentemente maligno y oscuro en disfrutar tanto con polvos para dar sabor a la leche y que la dejan del tono de un tutú profesional, pero seguramente no esté penado por la ley y tan sólo tenga que ser estigmatizado por una panda de lectores que jamás me volverán a ver igual.
Por suerte, dentro de un par o tres de semanas, pensaréis que todo esto fue un sueño, y que no hay sitio en este mundo enfermo para algo tan puro, tan delicado y perfecto como el Nesquick de Fresa. Bien por vosotros.

Espoleado por la reaparición de la versión rosa de nesquick, la búsqueda empezó de nuevo hasta que di con lo que había visto ya en sueños: Nesquick de Caramelo.
Otra pequeña joya que poner en el pequeño cementerio de comida rara que tengo debajo de la cama.
Siempre espero que salga un espíritu de Marshmallows que me llevé a cualquiera que sea el sitio donde van las almas de toda la porquería que me como.
Aunque tiene un potente sabor a caramelo, este no deja de ser Nesquick. El habitual y fiable Nesquick.
Tiene hasta la misma pinta y consistencia pero con pastillas de caramelo por toda la etiqueta, y como todos sabemos, pastillas de caramelo pintadas en una etiqueta es la única garantía de calidad que yo necesito.

El otro protagonista de mis desayunos es la versión avellanada de Nesquick.
Desconozco cual es el terreno mental que hace que un creativo diga "Haremos nesquick de avellanas".
Sí, la Nocilla se basa en avellanas (cacao y azúcar, yay), pero el chorizo está hecho de carne de cerdo, pero eso no significa que tengamos que tener Nesquick de Chistorra.
La pura verdad es que NO me gustó tanto como el de caramelo por la sencilla razón de que esta vez sí consiguieron un sabor perfecto y beber un vaso de leche con este Nesquick es como masticar doce avellanas de golpe, alguna de las cuales todavía lleva la cáscara incluida.

Sólo me queda la maldición de no haber probado el Nesquick de Plátano, que sé que existe en algún sitio infernal de Australia, y que espero algún día puede tachar de mi lista de "Cosas por comer".
Y así voy pasando mis días...vaso tras vaso, taza tras taza llena a rebosar de leche con 4 cucharadas y media de Nesquick, sea el sabor que sea, sabiendo que aunque no sé muy bien qué leches va a pasar mañana, lo que sí sé seguro es qué leches me voy a beber por la mañana!
Nesquick me ha acompañado toda mi vida en un camino sin retorno, a menos que se cumpla mi teoría del tiempo cíclico.
Quicky y yo somos amigos, compadres, hermanos. Él no se mete con mi monotonía desayunística y yo no me meto con su sexualidad y su preocupante tono marrón. Los dos nos aceptamos como somos por mucho que él tenga un ligero olor a avellanas!
melonian, con leche (28-04-05)
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