
Yo no lo entiendo. Quizá iba andando por la calle y se me cayó mi juventud. O tal vez es que a mis 24 añitos, sufro de una extraña enfermedad que sólo me afecta a mi y a los simios esquimales africanos, que nos priva de la neurona necesaria para sentir la pasión por cierto tipo lamentable de música electrónica. Pero el resumen del resumen, se resume (resumiendo) en que me asombra pasearme por la mayoría de las discotecas catalanas, es como estar en el zoo pero en lugar de lanzar cacahuetes a los elefantes, tiras combinados de whisky con cola.
Yo creo que el ser humano necesita una preparación previa al acceso al recinto discotequil, uno no puede correr un maratón o jugar un partido de paddle sin calentar, de la misma manera que no puede ser crucificado con entradas de 12 € sin lesionarse gravemente el hipotálamo ventricular derecho. Cuando se me habla de 12 euros yo pienso en el enorme surtido de turrones que me zamparé después de la suculenta cena de cochinillo asado que la discoteca me va a ofrecer. Pero esto no es lo peor, porque algunos sitios incluso te dejan acceder gratis (e incluso sin consumición obligatoria!!), y entonces es cuando alguien como yo pierde una valiosa excusa para no tener que soportar unas horas de tortura infernal totalmente incomunicado, rezando para que Aretha Franklin o Gloria Gaynor sean del gusto del DJ (y no es que sea un incondicional de ninguna de las dos mujeres). Ahora sé cómo se sentían los sufridores del 1,2,3.
 "Vista panorámica: leones a la izquierda, girafas a la derecha, y simios desperdigados por aquí y por allá."
Pero vayamos al quid y dejémonos de tonterías: yo soy incapaz de tragarme que los taraos que me rodean en una noche de discoteca disfruten con el evento. Puedo asimilar que les guste un hilo musical basado en un concierto de trailers tocando el claxon, pero el ambiente sofocante, los maromos en busca de presas a las que mirarles el escote como mínimo y desnudarlas como máximo, el humo, el sudor ajeno y todo ese conjunto de desconocidos que difícilmente pasarán a la zona de los conocidos porque no puedes hablar con ellos, en parte porque tu voz no llegará a ser oída, y en parte porque estás demasiado concentrado en que no te estalle una vena del cerebro.
Después están todos esos pequeños detalles que hacen de la velada algo que coge tu concepción del orden universal, la mete en una pequeña caja de Whopper, y la mandan a cagar al río, porque no pueden hacer mucho más. La cosa funciona más o menos así:
- Si eres tía, la actividad básica que se lleva a cabo dentro de una discoteca actual es bailar y menear el cu-cu, porque por algún motivo incomprensible, te parece un pasatiempo bonito y cojonudo. Fumar y/o beber acompañan a la actividad principal, aunque no es imprescindible. En ocasiones, incluso te apetece ligar, aunque si posees cierto atractivo, la monogamia con un tarao que te trata como el cagar suele acabar con el factor ligue. En cualquier caso, te ves obligada a atender y esquivar al resto de maromos que no son tan anormales como tu novio, pero que no pierden la esperanza y esperan su turno.
- Si eres tío, la actividad básica que se lleva a cabo dentro de una discoteca actual es ligar, porque por un motivo físico comprensible, estás específicamente diseñado para ello. Bailar es una actividad secundaria destinada a encubrir el ataque y emboscar a la presa: un hombre no baila, sólo se mueve con cierto ritmo hipnotizador para bajar las defensas femeninas. Fumar y/o beber son actividades habituales que aderezan la táctica.
 "Reproducción ficticia de fantasía masculina: acéptalo, nunca estarás con dos tías de este modo."
Y ahí se concentra la mayor parte de las vivencias juveniles de fin de semana. ¿Meloxplique?
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|ngenius (Dancing through the night)
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