
La vida diaria en un ayuntamiento es fascinante y frenética al mismo tiempo: un devenir de ideas al servicio del ciudadano, la cuna dónde el progreso se gesta y desarrolla. No tenemos que ir muy lejos para hallar la lucidez a pleno rendimiento: las zonas azules en la ciudad condal serán de pago de 14 a 16 horas, en un intento altruísta por procurar el fomento social, el contacto físico en el autobús, y la prevención de la muerte de millones de dulces foquitas que viven en el Ártico. Aunque yo digo: ¿no es un auténtico placer saludar a otros seres humanos, a las 8 de la mañana, en un decorativo peaje de carretera?
Cuando uno atraviesa la puerta de un ayuntamiento, enseguida percibe la presencia de gente mucho más avezada, inteligente y capaz que él. Por eso una serie de ficción no puede constituirse a partir de la esencia real que acabamos de describir, y la serie basada en las peripecias del equipo administrativo del ayuntamiento de Nueva York no podía por menos que presentarnos la irreal y cómica imagen de unas personas que velan por su permanencia en el gobierno y que su principal habilidad es incitar al espectador a sufrir un ataque de hilaridad. Ya sabéis, nada que ver con el talante responsable de nuestros dignatarios y representantes políticos.
El tipo de la foto no es Marty McFly, sino Mike Flaherty, mano derecha del alcalde de la gran manzana. No implico de ningún modo que deba realizar las tareas que uno hace con la mano derecha, especialmente las que precisan de un trozo de papel tras la operación.
La gran manzana no hace alusión tampoco a la clásica fruta que desencadenó la teoría newtoniana de la gravedad. Atontaos.
Mike es el cerebro en su departamento, un auténtico adicto al trabajo y un excelente político que domina a cualquiera en terreno ajeno pero es incapaz de sacar a flote su vida sentimental. O sea, como todos nosotros.
Si alguien ha visto a Lesley Nielsen en "Aterriza Como Puedas", el alcalde Randall Winston es su primo hermano. Es el arquetipo de alcalde bonachón e incompetente que se ha dejado el cerebro en la cabeza de otro (en el caso que nos ocupa de un tal Mike Flaherty).
Supongo que las comedias se sobrecargan de tiernos idiotas y entrañables incompetentes para reforzar la autoconfianza de todos los idiotas e incompetentes que habitamos el mundo real.
Lo cual nos lleva a una interesante reflexión: si en lugar de tiernos idiotas ponemos a brillantes intelectuales en televisión, quizá invirtamos el efecto. Y entonces los "neng", los "tronco" (o "tron", que son aún más chungos), y los "nano" desaparecerán, dejarán de existir los colgaos y los mendrugos y nos convertiremos en gente que juega al paddle con bonitos jerseys de lana blanca de corderito colgada al cuello, gente que lee poesía sentados junto al hogar y que compra gatos siameses con la esperanza de que vayan en racimos, pegaditos por una pata o por la cola. En otras palabras, seremos gente inteligente.

Hablábamos de idiotas, y los hay que cuando menos, fingen serlo de una manera brillante. Aunque siento deciros que los que os encontréis por la calle, serán paletos de verdad.
Tenemos a la izquierda de la fotografía a Paul Lassiter, uno de esos bobalicones que no tienen que abrir la boca para que la certidumbre sobre su torpeza sea presentada como su tarjeta de visita. A su derecha, James, uno de los bobalicones experimentados en tropezar, caer e ir resbalando hasta El Cairo a la mínima que abre la boca. No obstante, os aseguro que los toques de genialidad, incluso en el plano de la comicidad absurda, brillan por su ausencia.
Carter, Stuart, Nikki y Janelle completan el cuadro de una oficina en la que cualquier parecido con el progreso es pura coincidencia. Carter es un hombre negro y homosexual orgulloso de pertenecer a una minoría social, mientras que Stuart es el clásico toca-pelotas de oficina, concentrado en hallar víctimas entre sus compañeros. Nikki, atractiva pero desafortunada en el amor, y Janelle es la discreta secretaria del alcalde.

Cuando vi por primera vez esta serie, me pregunté qué podía tener de especial un ayuntamiento. ¿Por qué no una comunidad de koalas vietnamitas? ¿Por qué no un barrio con un bicho de color rosa que dice ser un puercoespín? En realidad no tiene mucha importancia que sea un ayuntamiento, el concepto es simple excusa para dar rienda suelta a una serie de situaciones muy bien compuestas que, opinión personal, dan por la puerta de atrás a muchas otras series presuntamente cómicas.
Meloncorp apoya totalmente Spin City, aunque el reemplazo de Michael J. Fox, sustituído en el año 2000 por Charlie Sheen, aún nos mantiene en un estado catatónico del que no hemos podido salir del todo, provocándonos cierta torpeza al servir té irlandés con pastas o cuando jugamos al bridge en ciertas zonas meridionales de Gran Bretaña. En cualquier caso, tenéis cuatro temporadas de Spin City con Mike Flaherty que no os podéis perder!!!
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