
Si yo fuese Andrew Dice Clay y estuviese ante Dios en la entrevista previa a mi nacimiento, sin duda le rogaría que me concediese la voz de Pablo Carbonell para expresarme verbalmente en el mundo terrenal. De otro modo, creo firmemente que cualquier intento por provocar la carcajada será como intentar saborear un sucedáneo alemán para microondas de paella valenciana: el 90% del sabor se va a cagar al monte.
 "Toda película tiene una cara."
Uno debe sentirse tremendamente frustrado cuando sabe que su legítima voz se la han dado a otro. En cierto modo es como si tu mujer hace el amor con otro hombre, y luego le cuenta a tus amigos que eres el Amunike de los amantes: algunos descartamos la desagradable idea de que existan mejores amantes que nosotros, pero tu acabas viviendo el resto de tus días con la certeza de que existe alguien que lo hace mejor que tu.
Hay una directa y documentada relación entre el cuero, la rudeza verbal masculina y el hecho de atraer a cualquier mujer en un kilómetro a la redonda. Si las viudas negras copulasen con viudos negros que les diesen caña y que luciesen chupas de cuero, no sólo no serían devorados tras el acto sexual sino que además les servirían un té japonés y unas pastitas tras cumplir en la cama. Los que somos unos romanticones sensibleros lo sabemos, y nos duele no poder tratar a una mujer de forma insensible para que así nos ame de por vida, nos revienta no poder ser como Ford: el detective rockanrrolero que tiene acceso en todos los clubs, y a todas las nenas. Y si hay alguien que aún conserva la esperanza de que su comportamiento sensible y comprensivo con las chicas le vaya a dar algún resultado, mejor que lo vaya olvidando.
 "Una prueba de la efectividad de Ford."
Ford Fairlane es un hombre duro como un canguro. Y lo más romántico que sabe expresar tras hacer el amor durante toda la noche con un par de rubias despampanantes es: "lavadme los platos antes de iros". Ford es el rey.
La trama de la película resulta incluso prescindible, porque en "Las Aventuras de Ford Fairlane" cada comentario es un despunte de genialidad y saber hacer, así que podríamos visionar las secuencias en orden aleatorio y seguiría siendo una película absolutamente soberbia. Breve sinopsis: el cantante de la peste negra, Bobby Black, acaba de palmar. Esto le suda el membrillo a Ford, quién anda necesitado de presidentes muertos impresos en papel y acepta un caso propuesto por su amigo de juventud y locutor de radio Johnny Cranch, que va en busca de Susú Pétalos. El dueño de una productora discográfica completa el cuadro que sumerge a Ford en un complicado caso dónde todas las pistas parecen conducir a callejones sin salida, dónde Bobby Black y su muerte parecen ser el punto de inflexión de todo lo que acontece, y dónde hasta la mejor amiga de Ford, una Fender Stratocaster encordada al revés, se verá amenazada.
Si James Bond era el espía más elegante y eficaz de Inglaterra, Ford Fairlane es el detective que más mola de la costa oeste, aunque ambos se llevan a las mujeres de la misma forma rápida y sencilla que te lleva a creer que las exigencias del guión son un agente importante en una tarea de seducción tan fugaz.
 "Si nunca has visto la tele con un koala, no sabes lo que te pierdes."
Quería hablar sobre los comentarios de Ford a lo largo de la película, quería poner los ojos en blanco y recitar como si estuviese en medio de una función del colegio, pero me doy cuenta de que yo tampoco soy Andrew Dice Clay ni tengo la voz de Pablo Carbonell, lo cual no deja de resultar trágico con un puntito amargo. ¿Cómo puedo reproducir un "toooma una madaleeeena, ridíiiiculo"? ¿O un "¡malditos australianos! Odio ese país, ese continente o lo que sea! ¿Es que no hacemos pruebas nucleares allí? ¿Y eso qué es? ¿Un ratón gigante o qué?"? Es completamente imposible, uno tiene que admitir las limitaciones de la expresión escrita, y tratar de aceptar la falta de tonalidad esmerándose con la retórica.
Cabe destacar la aparición de Robert Englund como sicario del malévolo, maléfico y malevolente malo de la película (redundar es todo un deporte para mí). Desafortunadamente, no se cuela en los sueños de Ford, ni amenaza a un grupo de estudiantes de secundaria, ni siquiera luce su característica camiseta a rayas ni sus pezuñas metálicas. Hubiera sido realmente alucinante una mezcla de Ford Fairlane con Freddy Krueger, aunque tal vez esto es un cócktail demasiado duro, no apto para estómagos sensibles.
 "Incluso un koala tiene derecho al reposo."
Ahora tienes que preguntarte si vale la pena seguir viviendo sin hablar de política con tu amigo Art Mooney, sin sentir que la voz de Susú Pétalos raya la pizarra de tu corazón como si fuese un tenedor, o sin saber por qué Bobby Black pasó de ser una estrella del rock a ser el doble de Michael Jackson en la remasterización del Thriller.
Y eso es todo amigos. Yo he vivido influenciado por ésta película desde que la ví a principios de los 90, quizá si tu la ves por primera vez a principios de este siglo, dentro de algo más de diez años inicies un proyecto-web con el nombre de alguna fruta como distintivo, y una foto de los teletubbies en tu biografía. No te preocupes, sólo parece enfermizo desde fuera, cuando has abrazado la cultura del melón todo se ve de un modo distinto, menos acuciante, más dulce y... afrutado.
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