
El gran momento ha llegado, tal vez pensaras que no había juego más mítico que Monkey Island, ni más absurdo que el Pang (aunque de ahí sale la frase recurrente y manida de "te voy a reventar las pelotas"). Pues estabas en lo cierto, pero hay juegos que reúnen esas dos características para dar lugar a una de las experiencias más trascendentales de todos los tiempos (siempre que seas un adolescente o si tu vida sexual es precaria y tienes que refugiarte en los videojuegos). Efectivamente, si unimos el mito y la absurdidad obtenemos al Fary. Pero si hablamos de videojuegos, uno de los posibles resultantes es el legendario Street Fighter II. El original, con toda la originalidad que una secuela puede acumular.
Con motivo del 20 aniversario de mi tortuga, en meloncorp hemos querido recuperar el
espíritu de Street Figher organizando otro torneo a nivel mundial. Así que le he comprado a
melonian un uniforme militar de color rojo y una gorrita que le dan cierto aire a lo Rob
Halford, y lo he puesto en las Ramblas a reclutar luchadores que quieran participar en un
torneo. Se nos presentaron ocho luchadores, una señora de 86 años y un enano bombero torero.
Informamos a Herminia que su trofeo como ganadora del concurso de lanzamiento de escupitajos
de Salt Lake City no la acreditaba para participar, y el enano tuvo que salir corriendo
porque lo llamaron por nosequé de un incendio en las Ventas. Así que nos quedaron ocho
luchadores: un ex-combatiente de Vietnam con reuma hasta en las uñas, el hermano feo de los
Calatrava pintado de color verde, una ex-vendedora ambulante de discos pirata del Bisbal
(china y con unas piernas muy largas), un inmigrante ruso en calzoncillos y cierta similitud
con Mr. T, el primo tonto de Gandhi, un orondo cocinero japonés con tendencia a ponerse
rimmel en los ojos, y una pareja homosexual en kimono. Debía ser el año del pez homofóbico y
budista, o puede que un par de planetas debían estar alineados formando un pentágono
isósceles, o quizá es que pisé una mierda y estoy en pleno periodo de buena suerte, pero
resulta que eran los mismitos luchadores que ya participaron en Street Fighter 2, y que en
su constante devenir por el mundo, han decidido participar en el torneo de meloncorp.
 "Street Fighter II fue el juego que revolucionó
los juegos de lucha, las guerras entre colegas y la mantequilla salada."
Como no podía ser de otro modo, contratamos a Héctor del Mar para hacer de comentarista.
¡¿Qué?! ¡¿Tampoco sabes quién es Héctor del Mar?! ¡¿¡¿ES QUE NUNCA HAS VISTO PRESSING
CATCH?!?!?! O bien no has tenido infancia porque la pasaste encerrado en el sótano de una
chabola en Beirut, o quizá eres un experimento genético que ha nacido directamente en la
adultez, pero es imperdonable que ni siquiera te suene el nombe de uno de los mitos más
importantes de la comunicación y el periodismo, después de Francis Lorenzo.
¡¡¡¡¡SILLLLLLLLLLLLITA ELÉCTRICA!!!! Pues el tipo con acento de Constantinopla que soltaba
los comentarios en Pressing Catch era Héctor del Mar, parte indispensable cuando veías darse
de hostias a dos masas musculadas con cara de experimentados compradores en la tienda del
idiota.
 "Ryu va de blanco y Blanka ehmm se llama Blanka."
 "Los escupitajos de Dhalsim son puro napalm salival."
Ryu, Ken, Dhalsim, Chun-Li, Blanka, Guile, Zangief y Honda eran los personajes de videojuego
que acojonaban a todo mocoso que respiraba aire en mi cole a principios de los 90, menos al
chico que tenía respiración asistida y llevaba oxígeno en una bombona, que ese era un
machote. Poderosos, hábiles y expertos luchadores que podías escoger entre lo que parecía un
amplio abanico de posibilidades. Era la revolución, era Zapata surgiendo de las máquinas
recreativas con el puño alzado en señal de victoria, la exterminación de la ultraderecha
pixelada en los videojuegos, un babeo constante al mirar cómo por primera vez podías zurrar
virtualmente a tus amigos y creer que estaba pasando... de verdad!!
 "Ken y Chun Li jugándose la victoria a piedra-papel-tijera."
En este punto cabe
remarcar que en la vida de un adolescente a principios de los 90 se hallaba seriamente
influenciada por dos cosas: Pamela Anderson y los videojuegos. Como la puerilidad te
convierte en un ser tierno e inocente pero no en un inconsciente, centras tus ilusiones en
los videojuegos y dejas a Pamela para la vertiente onírica de tu vida. Excepto Tommy Lee,
que puso a Pamela en otra... errr... vertiente, y ahí lo tienes, presumiendo de silicona.
 "Chun Li también aprendió ciertos ataques de Pamela Anderson."
Toda la pasión que véis reflejada en mis palabras me impulsó a coger a los ocho luchadores,
sentarlos en pupitres, y escribir sobre ellos mismos. Todo lo que siempre quisiste saber
sobre los luchadores más míticos del mundo de los videojuegos, finalmente revelado en
meloncorp: ¿por qué Blanka se llamaba Blanka si era verde? ¿Era fan de Heidi y la cabra
Blanquita? ¿Era Ryu realmente gay o sólo era una leyenda urbana? ¿Por qué Guile, un
ex-combatiente de Vietnam acostumbrado a los servicios terciarios vietnamitas, no intentó
sobrepasarse con Chun-Li? ¿Es Dhalsim realmente un habitante de Orihuela? ¿Es Ken un miembro
de Locomía con unas clases de taekwondo encima? En meloncorp hemos realizado un exhaustivo
trabajo de investigación en el que no encontraréis ni una sóla estadística, que son feas y
siempre reflejan resultados absurdos, como que el español medio tiene un sueldo muy por
encima de la media europea o que Mariano Rajoy es inteligente y lo aparenta.
 "Ryu sabe que sus olores corporales son decisivos para vencer a Guile."
 "Honda aprovecha para dar un achuchón a Guile. Todos sabemos que los luchadores de Sumo son unos mariposones"
Si conseguimos que Blanka sujete el boli con la pezuña enorme que tiene por mano, iremos
ofreciendo fichas biográficas sobre cada personaje con todo aquello que siempre quisiste
saber sobre tus héroes. Evidentemente, todo con la puntual irregularidad que nos caracteriza
y nos reservamos el derecho de cambiar lo que nos cuenten para hacerlo todo más interesante.
Después de todo, el único que habla castellano es Vega, mientras él no se entere...
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